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5 consejos para los que tenemos un chavorruco cerca

Edilberto Peña de LeónPara todos aquellos que no saben de lo que les estoy hablando conviene definir al denominado chavorruco o para más precisión “El Forever Young”. Recuerden su última salida a un bar o un antro y seguramente se encontraron con el caballero de entre 45 y 65 años que tiene la piel lustrosa y super bronceada (estilo Roberto Palazuelos), saco color chillante, top sailers (para los que no los conocieron googleénlos por favor), camisa abierta hasta el ombligo, varias cadenas y pulseras, acompañado de alguna señorita de veintitantos años y con toda la actitud. Hablan con palabras combinadas de las que se usaban en el “slang” de su época y las que creen que se usan actualmente y que frecuentemente invitan los tragos a los que se encuentran cerca.

Una vez que hablamos de las mismas personas nos toca entrar en materia psiquiátrica con el análisis de su personalidad. Se trata de individuos con acentuados rasgos narcisistas en su carácter que los fuerzan a seguir siendo el centro de atención, a pesar de que el paso de los años ya no se los permita. Es por esto que casi de forma obligada modifican su vestimenta, acciones y comportamiento para destacar. Este egocentrismo no les permite madurar de acuerdo a su edad y se niegan a aceptar que tienen que pasar a un papel secundario en las situaciones adolescentes, llamativas e impulsivas de la vida que caracterizan a la adultez joven. Generalmente inauguran esta forma de vida cuando se acercan a la crisis de la mediana edad que tradicionalmente se presenta entre los 40 y 50 años de edad, se divorcian, persiguen jovencitas y gastan su dinero en convertibles y restaurantes de moda. El fondo de esta inmadurez marcada casi siempre se centra en un acentuado miedo a la muerte, siendo el envejecimiento el mejor recordatorio diario de que el final de sus días se encuentra cada vez más cerca.

Estos son los 5 consejos para todos aquellos que tenemos a un chavorruco cerca:

1) No sirve de nada confrontarlos con la realidad, ellos están de cierta manera “ciegos” a estas conductas y para nada conviene que nos enemistemos con ellos.

2) No confrontarlos no quiere decir que nos prestemos a cooperar con estas faltas de juicio. No hay que gritarles pero tampoco hay que favorecerles este comportamiento.

3) Aprovechar la parte buena que lleva un chavorruco dentro, es imposible negar que tienen un lado divertido.

4) En el fondo de estos cambios ridículos sigue nuestro familiar que una vez quisimos, que no se nos olvide, tarde o temprano regresará al “buen camino”.

5) Si no estamos todavía en ese rango de edad, hay que aprender de que vemos en un individuo así, de algo nos servirá para tratar de evitar vernos de esa forma.

Edilberto Peña