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El arte de resarcir el daño

Amilcar ValdésUna de las mejores cosas que me enseñó mi mamá, es la importancia de las acciones concretas. Solía usar el dicho: “De hechos son amores y no buenas intenciones”. Aunque a veces lo olvido, procuro tenerlo presente en mi vida cotidiana.

Todos tenemos mucho miedo a salir lastimados y mientras más queremos a alguien, es mas probable que esa persona nos lastime. ¿Por qué? Porque somos humanos y cometemos errores y -muchas veces- nuestros errores pueden lastimar a otros. No es lo mismo que un vecino me diga gordo, a que me lo diga alguien a quien amo.

Lo importante en la vida, no es buscar personas que no te lastimen (principalmente porque no existen). Lo importante, es encontrar personas que puedan reconocer que cometieron un error y se hagan cargo de él. Resarcir el daño hecho.

Hace un tiempo rompí la confianza que tenía una de mis mejores amigas en mi. Ella, lastimada, decía que esa confianza no se iba a recuperar; que lo que se rompía, no se pegaba. Le puse de ejemplo el kintsugi (arte japonés que pega los objetos rotos con oro y plata) y le dije que quizás, después de esto, la amistad podía ser más fuerte y valiosa.

No fue fácil el proceso, pero después de un tiempo la confianza se recuperó y este evento nos sirvió mucho a los dos. Ahora, ella sabe que pueden lastimarla y hacerse cargo de eso; también sabe que la confianza se puede recuperar. A mi, me sirvió para ver que puedo hacerle bien a las personas que quiero, aún siendo imperfecto y cometiendo errores y que mis errores -si los admito- y me hago cargo, pueden transformarse en algo útil.

Incluso, es algo que me ha pasado con pacientes y hago lo mismo: admitir mi error y buscar resarcir el daño hecho. Hace poco, recibí tarde a una paciente que tiene una herida en no sentirse vista y evidentemente le di justo ahí. Fue muy interesante ver lo difícil que fue para ella pedir la compensación; por un lado, estaba la voz que decía: “lo que se rompe no se pega” y por otro lado la voz que decía: “no necesitas hacer nada”.

Cuando tienes toda una historia rodeada de personas que no se hacen cargo de los errores cometidos y en lugar de decir la regué, se defienden. Cuando estás rodeado de personas, que lejos de buscar cuidarte, buscan que no veas que cometen errores; cuando encuentras a alguien que está dispuesto a cuidarte y hacer algo al respecto, es confuso y no sabes qué hacer.

Esta semana, quiero dejarte dos tareas: primera, busca a alguien a quien hayas lastimado y encuentra la forma de resarcir el daño hecho. Segunda, busca a alguien que te haya lastimado y dale chance de resarcir esa herida.

Amilcar Valdes Farrugia