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Carta de un desahuciado

Kris DurdenEs triste que haya encontrado la serenidad para escribir estas palabras en el hecho de saber que mi vida está por concluir. Llevo días postrado sobre esta cama con terribles dolores que azotan sin piedad cada célula de mis blandos y enfermos órganos.

Soy un condenado a muerte; aunque los doctores prefieren decirme desahuciado. Soy un montón de ideas en un cuerpo plagado por el cáncer y hoy más que nunca, soy consciente de mi fragilidad y de mi mortalidad, por eso quiero que prestes toda la atención posible a las siguientes palabras:

En cada oportunidad que tengas sal, cierra los ojos y aspira profundamente para llenar tus pulmones de aire fresco, porque un día que ojalá nuca llegue, podrías terminar como yo: encerrado en una habitación con tus propios hedores a sudor rancio mezclado con medicamento, con tubos y mangueras penetrando por tu nariz y con los pulmones al borde del colapso e incapaces de cumplir con ese simple gesto que durante toda una vida fue algo tan natural y el cual hoy, soy incapaz de disfrutar.

Cada que la sed te tome por sorpresa bebe un vaso con agua fresca, y si algún día alguien te pide algo de agua jamás se la niegues. Tengo semanas bebiendo por las venas un líquido del cual desconozco su sabor. Llevo la boca pastosa y reseca. Enomohecida.  Lo único que piden mis lastimados órganos es un vaso de agua, pero los doctores dicen que eso podría implicar la muerte. No valoré aquel vital líquido y parece que me iré de este mundo sin volver a probarlo.

Nunca, y por ningún motivo, dejes pasar una oportunidad que te permita sonreír. Sal al mundo y mira a los extraños a los ojos y dedícales una sonrisa para hacerles ver que la vida es hermosa. Que aun hay bondad, alegría y gratitud en este mundo.
Si amas a alguien y ese alguien te ama, el mejor regalo que le puedes hacer es dejarle ver una sonrisa; una sonrisa que nace del hecho de estar juntos y compartir ese momento que nunca más se volverá a repetir y que el implacable tiempo se llevará para jamás volver.
Hoy la gente que viene a verme es incapaz de sonreír. Si alguien tiene la amabilidad de hacerlo, es una sonrisa amarga y desprovista de esperanza. Si yo trato de devolvérsela sólo empeoro las cosas, pues entre los tubos que atrincheran mis facciones y mis debilitados dientes por la quimioterapia, lo único que logro mostrar es otra amarga y muy grotesca sonrisa. Imagino tu sonrisa y sé que es hermosa, pues es sincera y agradecida con todo lo que hoy tiene para ofrecer al mundo.

Despierta muy temprano y dedica un tiempo a ver ese único e irrepetible día nacer. Contempla el amanecer en todas sus versiones.

Ve y disfruta de todos los atardeceres que yo jamás podré ver, y frente a esa puesta de sol siente a esa persona cerca de ti. Toca su mano, besa sus labios, mira sus ojos o intercambien sonrisas. Lo que de tu corazón nazca hacer con esa persona, pero por favor, valoren ese momento que ni Dios les puede robar.

La vida es muy corta y hasta apenas unos meses atrás no podía verlo, pero hoy comprendo que su belleza radica en los pequeños detalles de los que nosotros mismo somos responsables.

Si hoy pudiera saldría a la lluvia, con la frente y las palmas apuntando al cielo para recibir ese líquido que en muchos casos es sinónimo de vida. Brincaría en los charcos y jugaría futbol bajo ese cielo nublado, pero con el corazón jubiloso y radiante.

Si yo fuera tú, toda mi energía y concentración estarían puestos en dos cosas: Primero, dejar tras de mí un legado que toda la humanidad pudiera aprovechar y segundo, disfrutar la vida al máximo y para ello no hay mejor manera que siendo conscientes de que sólo tenemos el presente.

En fin, puedes hacer caso o no de mis palabras, pero por ningún motivo dejes de escuchar a tu mejor guía; nunca dejes de escuchar a tu corazón.

Con cariño: Un fragmento del universo de Kris Durden.

 

«La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes.»

John Lennon

Kris Durden