¿Cómo apoyo a mi hija(o) si es transgénero?

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A cualquier padre le aterra que su hijo sea diferente de los demás niños y si el motivo de la distinción es de índole sexual se disparan todas sus alarmas. Simplemente no saben cómo manejar la situación. La falta de información los paraliza o hace actuar en contra de su propio sentido común.

Básicamente éste es el escenario en el que se mueve la mayoría de los padres de los niños y niñas transgénero.

Descubrir que tu hijo o hija no se identifica con el género que nació es inconcebible y surgen dudas que te atormentan. Más de uno se ha preguntado: ¿si mi hijo no quiere ser hombre implica que es gay?

Lo cierto es que la orientación sexual no tiene nada que ver con la identidad de género. Esta última se refiere a quién eres, mientras que la orientación sexual se enfoca a con quién quieres tener relaciones sexuales.

Aunque no existen estadísticas oficiales, diferentes estudios internacionales han reportado que una de cada 30 mil personas es transgénero. Parece un número pequeño, pero los casos son más comunes de lo que imaginas. Tu familia y tú podrían ser parte de la estadística y no te has dado cuenta.

Isabel se encontró una situación similar cuando su hijo, de casi dos años, dio señales de identificarse con los personajes femeninos de las caricaturas y películas.

 

“Pensamos que era propio de la etapa del inicio del lenguaje, que se confundía con el él y el ella, con terminación “a” y la terminación “o”. Me decía mira yo soy la princesa y le decía no. Tú eres el príncipe. Siempre lo corregíamos.

Lo dejábamos pasar. No le poníamos mucha importancia.

“Cuando me embaracé por segunda vez e íbamos a las jugueterías, mi esposo le quería comprar un coche o algún juguetillo de niños, pero él decía que no, que quería una Barbie o algo de niña. Mi esposo siempre le decía: ‘no te voy a comprar eso. Escoge o un coche o nada’. Él decía que nada.

Al nacer mi segunda hija empezó a pedir Barbies diciendo que eran para su hermana. Le decía que su hermana sólo tenía tres meses y no podía jugar con la muñeca, pero respondía: “no importa mamá. Yo se lo guardo”.

Ya empezaba a idear alternativas para poder tener lo que quería. Sabía que si decía que lo quería expresamente para ella, le íbamos a decir que no.”

 

¿Qué opinaban los amigos y familiares?

“Todos me decían es normal. Es una etapa. Se le va a pasar. O quiere llamar la atención porque estás embarazada. Pero las etapas se definen por periodos de tiempo. Tienen un inicio y un final, pero esto era al contrario. Lejos de ir disminuyendo la intensidad o de que se le fuera pasando, iba aumentando. Cada vez pedía más cositas.

“Al cumplir 3 años, la llevamos a Disney, a Orlando. Cuando vio a las princesas casi llora. Nosotros pensábamos que estaba enamorado de las princesas porque siempre le quieres dar una explicación a todo.”

 

¿Tuvo problemas en la escuela?

“Estábamos en una escuela católica mixta en Santa Fe y también comenzaban a darse cuenta de esas conductas. La directora del kínder me dijo que le quitara todos los juguetes que tenía de niña y le dejara solamente los de niño.

“Intentamos hacer eso y creo que fue una de las épocas más tristes de su vida. No jugaba con nada. Tenía el circo de Playmobil y sólo jugaba con las figuras de mujeres. La veíamos súper triste y dijimos esto no está bien. Le regresamos todos juguetes.

“Evidentemente, en esa época la empezaron a molestar en la escuela. La empezaron a bullear porque siempre mostraba su preferencia por cosas de niña, o por el color rosa, porque tenían una clase en donde se podían disfrazar de lo que quisieran y ella siempre escogía disfrazarse de la mamá de la casa o de la princesa. Había uno o dos niños que le pegaban o la molestaban.”

 

¿Cómo deciden buscar ayuda?

“En la escuela no metían mucho la mano y en esta época fue cuando encontramos a una psicóloga que nos explicó qué es lo que estaba pasando. Una vez llegué a mi casa y estaba escondida en un closet con una falda de su hermana. Le pregunté qué estaba haciendo porque los niños no se ponen falda. Llorando volteó y me dije “ya sé mamá. Ya sé que yo nací con partes de niño, pero yo soy una niña”.

“En ese momento dije esto es algo más. No es una travesura. No es un lo estoy haciendo en mala onda para molestarte. Le hablé a mi esposo al trabajo y le conté lo ocurrido y le pedí que buscáramos a alguien que nos orientara. Yo no quería estar regañándola todos los días, porque no estaba haciendo nada malo.

“Quería entender para darle herramientas. Mi esposo y yo estuvimos de acuerdo que queríamos apoyar a esta persona para que fuera feliz. Evidentemente por la falta de información que hay sobre el tema, nosotros pensábamos que era un niño gay. Y dijimos no nos importa, pero queremos herramientas para ayudar.”

 

¿Qué les dijo la especialista?

“Fuimos con la psicóloga nada más nosotros dos. Le platicamos y ella fue la que nos orientó en el tema y nos dijo que no se trataba de orientación sexual, sino de identidad de género. La identidad de género es quien te sabes que eres. Quien te sientes ser. Si te sientes como hombre, te sientes como mujer, como ninguno de los dos o como los dos.

“Nos dijo que hay dos acercamientos a esta situación: una era reprimirla, que la fozáramos a ser un niño, le enseñáramos a ser un niño, le compráramos juguetes de niño. La psicóloga nos dijo que si optábamos por esa situación, ella no nos iba a ayudar porque no piensa así.

“La otra opción es acompañarla. No empujar. No adelantarte, pero tampoco frenarla. Ir a su paso. Ir viendo como se desenvuelve esta situación. Mi esposo y yo optamos por la segunda parte. Creemos que cuando tú reprimes es como una bomba de tiempo que en algún momento va a explotar y no de la mejor manera.

“Desde el primer día estábamos seguros que no queríamos reprimir, queríamos una persona feliz.”

 

¿Qué pasó después?

“Nos dimos a la tarea de tratar de informarnos, educarnos y de hacernos de todos los recursos posibles para apoyarla. Sobre todo apurarnos en ese proceso, porque ella ya llevaba un proceso y estaba más encaminada. Tu hija no puede estarte esperando a que tú estudies, que te tomes tu tiempo

“La psicóloga nos dio bibliografía y nos dimos cuenta de que en México no hay información ni material de niños transgénero. Hay pero de adultos. La gente cree que las personas transgénero, las personas transexuales son adultos y que eso les pasa mágicamente cuando cumplen 18 años. No es así. Si tú le preguntas a un adulto transgénero todos te van a decir que desde chiquitos sabían que eran diferentes.

“En uno de los libros que nos comentó la psicóloga, que se llama The transgender child ahí mencionaba una organización en San Francisco que año con año hace una conferencia familiar en donde hay talleres de todo tipo: legal, escolar, médico, de apoyo familiar, de apoyo psicológico y al mismo tiempo puedes llevar a tu hijo o hija y cuando los papás están en los talleres a los niños los tienen en campamentos.

“Cuando escuchamos de eso dijimos queremos ir porque aparte de tener más herramientas, más información, pues para que ella conozca niños y niñas como ella. Llegó un momento en el que ella se sentía que estaba sola , que era la única.”

 

¿Cómo resultó la experiencia de estar en contacto con gente que enfrentaba las mismas circunstancias?

“Fue un fin de semana abrumador. Demasiada información, demasiado encontrarme con mis propios sentimientos. Como papá, y cualquier otro miembro de la familia cercana, pasas por la etapa de negación, después el enojo y la culpa. Yo a veces me culpaba porque a la mejor nunca forcé ese tipo de estereotipos de género.

“Cuando ya te informas y te educas, te tranquilizas más. Entonces viene esta etapa de duelo. No es que haya muerto una persona, pero sí murieron expectativas. Murió la idealización de una personita. Seamos sinceros, desde que una está embarazada y te dicen el sexo, ya te viste en 20 años. “

 

¿Al final hubo un proceso de aceptación?

“A mí no me gusta la palabra aceptación, porque creo que lleva consigo algo de que no estás de acuerdo. Más bien creo que te informas, te educas, te tranquilizas y celebras el hijo o hija que tienes.”

 

¿Cómo fue ese fin de semana para tu hija?

“Ella fue la persona más feliz al darse cuenta que había gente como ella. Aunque eso no pasó el primer día. El primer día me dijo que le habíamos mentido al asegurarle que iba a conocer a niños que les gustaban las cosas de niñas y a niñas que les gustaban las cosas de niños.

“Ella sólo vio niñas que les gustan las cosas de niña y a niños que les gustan las cosas de niño. Para nuestra sorpresa, allá los niños de 4 o 5 años ya habían transicionado socialmente (cuando empiezas a vivir de acuerdo al género al cual te identificas, sin ninguna intervención médica, sin medicamentos ni cirugías. Simplemente te empiezas a vestir y a hacer actividades de acuerdo al género con el cual te identificas).

“Cuando le explicamos que el amigo que hizo nació niña no lo creía. Nos dijo: entonces su deseo sí se le volvió realidad. Casi lloramos”.

 

¿Cuál fue el resultado de ese primer acercamiento de tu hija con otros niños transgénero?

Cuando regresamos de la conferencia ella vio luz al final del camino. Vio que si se podía y vio todas las posibilidades y evidentemente empezó a pedir más. Empezó a pedir que no le cortáramos el pelo. Empezamos a dejarlo vestir como niña dentro de la casa. Si salíamos, poco a poco le dábamos chance de que se llevara la bolsita o la muñequita.

 

¿Y ustedes como padres?

“Estábamos probando las aguas. Siempre he sido de la idea de que erróneamente queremos proteger a nuestros hijos. Te da miedo que lo o la vayan a molestar o le vayan a pegar. La verdad de las cosas es que muchos de los miedos de los papás se reducen a que te da miedo lo que digan de ti como papá.

“Poco a poco fuimos perdiendo ese miedo. Fuimos entendiendo, fuimos abrazando a la persona que teníamos y cuando vas permitiendo y le vas dando más chance de expresarse quién realmente es ves un cambio total en su forma de ser.

Cuando empezamos a apoyarla, permitir ese tipo de pasos, le cambió la cara. Literalmente digo que le regresó el brillo a los ojos.”

 

¿Mejoraron las cosas en la escuela?

“Estábamos alrededor de los cuatro años cuando hubo un incidente en la escuela. La maestra agredió tanto a mi hija que cuando regresó de la escuela vomitó bilis. Todo por un corte de pelo que creo que no le rebasaba la oreja, para nada. Ahí dijimos ya es demasiado. Esto no puede estar sucediendo, y no se vale contra una niña de 4 años.

“Decidimos cambiarla de escuela. Desde el día primer día fuimos totalmente honesto. Dijimos: nuestra hija tiene preferencias por este tipo de cosas, por este tipo de colores. ¿Tú como escuela cuál es tu posición? Queremos saber si nos vas a apoyar o no, porque lo más probable es que vaya a transicionar socialmente en algún momento.

“La escuela nos apoyó desde el día uno. Nos dijeron que ellos valoraban y respetaban a los niños cada quien como es. No tenemos ningún problema.”

 

¿Cómo se sintió ella?

“Desde que dejó el pañal, que fue por ahí de los 2, 2.5 años, siempre que la llevabas al baño te preguntaba a cuál vamos a ir. Si estábamos juntos mi esposo y yo, prefería que la llevara yo porque entraba al baño de las niñas. Cuando llegamos a la nueva escuela y fue para que la entrevistaran, su primera pregunta fue ¿puedo entrar aquí al baño de niñas? Le dijeron que sí. La escuela nos apoyó tremendamente. No podemos estar más felices”.

 

¿Cómo está ella ahora? ¿Ya transicionó?

“En diciembre de 2012, justo cuando acababa de cumplir 5 años, acabó de transicionar. La transición es eso. Son cambios pequeños y paulatinos. En ese diciembre nos pidió que le habláramos ya con pronombre femenino y que ya no quería el nombre de niño. Que quería nombre de niña. Quería que le perforáramos las orejas.

“Al regresar de las vacaciones de diciembre, mandamos un correo a la escuela, al maestro, a la directora comentándole de los cambios que habían habido y pidiéndole que de ahora en adelante se refirieran a ella con pronombres femeninos y con el nombre que había escogido.

“Cuando llegó a la escuela y les dijo desde ahora en adelante soy ‘fulana’, no soy ‘fulano’. Fue un cambio de 360º. De no tener amigos en la otra escuela, aquí ya tenía sus amiguitas. Eran un grupo como de 5 niñas. La invitaban a casa a jugar a los cumpleaños. Cosa que antes no ocurría.

“Ya han pasado tres años. Sigue muy contenta y sigue en las mismas porque luego hay gente que dice y qué tal que cambia, qué tal si se echa para atrás. Si tú le preguntas a si quiere volver a cortarse el cabello como niño o quiere que la volvamos a tratar como niño, responde: ‘No mamá, ¿por qué? ¿Cómo por qué querría ser niño otra vez?’ ¡Hasta te pone cara de fuchi!”

 

¿Qué consejo le darías a los padres que están enfrentando una situación similar?

"Que se informen y que se eduquen. Cuando no sabes qué está pasando, cuando no tienes información, cuando desgraciadamente lo único que los medios te enseñan son noticias amarillistas, de crímenes de odio, o pornografía, dices yo no quiero que mi hijo o hija sea esto. No quiero ese futuro.

“Si bien es cierto que a la mejor en su vida va a tener más trabas que la gente cisgénero (personas que tu identidad de género está alineada con tu sexo biológico), con el apoyo de sus familias, con el amor que tenga de sus papás, tiene las mismas probabilidades de éxito en lo que quiera hacer que cualquier persona.

“Estoy convencida de que cuando no hay información, hay miedo y cuando hay miedo hay violencia.”

 

¿Sabes de alguna asociación o fundación que brinde asesoría?

“En México, mi esposo y yo empezamos un grupo de apoyo a papás de niños trans que se llama TRANSformando familias. Se reúnen una vez al mes en la Condesa. “También está Familias por la diversidad sexual que es más combinado. Es para madres y padres de hijos gays, lesbianas, bisexuales y pocos transgéneros.

“En Estados Unidos, hay un grupo enfocado a niños y adolescentes transgénero. Es al que nosotros acudimos cada año. Se llama Gender spectrum.

“Mi recomendación total es que se acerquen a grupos u organizaciones que se enfoquen más a la parte de niños y niñas transgénero para que tengan ese tipo de recursos, de información. Muchas veces las preocupaciones no son las mismas que de un papá de una lesbiana o gay.

“Es importante obtener información y como papá acercarte a grupos también para no sentirte solo. Puedes tener a tu mejor amiga y contarle tus penas y preocupaciones, y a la mejor te va a apoyar y te va a escuchar, pero nunca te va a acabar de entender.

“Cuando como papá te encuentras a otros papás en las mismas circunstancias, el no sentirte solo es padrísimo.

“Los papás deben saber que sí existen los niños transgénero. Mientras haya apoyo a más temprana edad, les cambias la vida.

“Estoy convencida de que si tienes niños felices, con una buena infancia, vas a tener adultos con paz interior. Como papás es lo que te toca hacer. Ver por el bien de tu hijo, por su felicidad”, concluye.

Desde la semana pasada, la hija de Isabel es legalmente niña. El Registro Civil de México reconoció su nombre.

Si buscas informarte, consulta este folleto que nos compartió Isabel o acude a TRANSformando familias. Puedes contactarlos a través de Facebook y Twitter, o en el correo [email protected].

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Verónica Uriega