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¿Actúo o me paralizo frente a mi miedo?

Hace algunos años llegó una pareja a mi consultorio queriéndose divorciar. A lo largo de las sesiones nos dimos cuenta que, de hecho, no querían divorciarse; simplemente llevaban tantos años como pareja que habían dejado de hacer las cosas que hacían para enamorar al otro. Rascando en las sesiones, nos dimos cuenta que no habían querido sentir el miedo a perderse, habían decidido que estarían juntos toda la vida y eso los llevó a querer separarse. Hoy son una pareja muy unida y enamorada, alguna vez me dijeron: “qué feo se siente el miedo” pero se han dado cuenta que, gracias a sentir ese miedo pueden cuidarse y procurarse.

El miedo nos cuida.  No es agradable sentir el miedo a perder mi trabajo, o mi pareja, o algo que es importante para mí y podemos hacer varias cosas con ese miedo:

  1. Ignorarlo, como lo hizo esta pareja
  2. Dejar que nos paralice
  3. Hacer algo diferente sentirlo. Dejar que nos cuide y ser valientes; o sea, actuar con todo y miedo, dejando que éste nos cuide.

 

Tengo muchos recuerdos gratos de mis cumpleaños en la infancia, al ser el 16 de diciembre -día de la primera posada- ¡era muy padre! Había piñata, ponche, pastel, pedíamos posada… me encantaba. Cuando cumplí 12, coincidió mi cumpleaños con la fiesta de presentación de nuestra casa, me levantaron muy temprano para poner el nacimiento y sólo uno de mis hermanos me felicitó; yo, lloraba mientras ponía el nacimiento hasta que llegó el primer invitado con regalo y el resto de la familia recordó que era mi cumpleaños y ya –por fin- me felicitaron.

Me dolió tanto que no recordaran mi cumpleaños y me dio tanto miedo, que decidí enterrarlo y no volver a celebrar. Años después, que se me había olvidado el miedo, volví a organizar una fiesta; invité a muchísima gente y sólo llegaron 10 personas, una vez más, me dolió tanto que volví a no festejar.

Después de años, dejé que el miedo me cuidara. Organicé una fiesta y le dije a las personas que quería que eran muy importantes para mi y que por favor, fueran. Llegaron pocos, pero llegaron los que eran importantes para mi y fue muy agradable festejar con ellos.

Todos tenemos miedo, aprender a escucharlo nos ayuda a cuidarnos y cuidar lo que es importante para nosotros. Como todas las emociones, no siempre estamos conscientes de nuestro miedo, es importante practicar para poder notarlo. Además al ser una de las emociones menos aceptadas, es difícil reconocerla.

Mi sugerencia esta semana es: observa tus miedos y no te juzgues por tenerlos. Observa cómo podrían estos miedos cuidarte de manera sana; es decir, no limitándote (paralizándote) ni tampoco actuando sin observarte. Y también, se empático con los miedos de los demás -aunque quizá no los entiendas- reconoce que es valiente alguien que observa su miedo y actúa con todo y él, dejando que este lo cuide.

También les dejo de tarea que los que quieran, me feliciten el próximo 16 de diciembre que es mi cumpleaños, me he dado cuenta que más que los regalos o las fiestas, para mí son importantes las felicitaciones. Si quieres saber cómo pedir lo que es importante para ti, no te pierdas mi siguiente columna donde platicaré de eso.

Amilcar Valdes Farrugia