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Cómo es ir a consulta con un psiquiatra

edilberto_penaJusto hoy por la mañana tuve la primera consulta con una paciente de 19 años que venía bastante mal, pero que se acabó toda la caja de pañuelos desechables de mi consultorio, y a la mitad de la consulta dijo una frase que me dejó pensando: “No es que esté tan mal, no vayas a creer que estoy demasiado deprimida, lo que pasa es que estoy muy, pero muy nerviosa”.

Generalmente, en nuestra cultura, el hecho de acudir a un psiquiatra lo dejamos para cuando el caso de malestar es muy desesperado y todas las opciones que se me ocurrieron antes de plano no funcionaron… léase “Pare de Sufrir”, cambiar de religión, hacer yoga, ir al mercado de Sonora por algunas hierbas, hacerme una limpia de huevo o “cancelar, cancelar” a la enfermedad.

El acudir con un psiquiatra debe de ser un acto de ejecución de un bien y servicio con un especialista de la medicina de similar preparación y desempeño al de un cardiólogo, un gastroenterólogo o un neurólogo. Porque si estamos acostumbrados a buscar atención de un médico especialista cuando tengo una molestia de su área, si tengo síntomas de la esfera emocional, afectiva o intelectual que afecten gravemente a mi vida no acudo al psiquiatra hasta que no me queda otra opción. De hecho, esto me recuerda al lema de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Día Mundial de la Salud Mental (siempre se conmemora los 10 de octubre de cada año) del año pasado: “No hay Salud, sin Salud Mental”.

Por lo tanto quisiera puntualizar unos datos muy convenientes a tomar en cuenta cuando voy a ir a consulta con un psiquiatra:

  • El psiquiatra es médico y estudió medicina seis años de la carrera, luego hizo cuatro años de la especialidad en psiquiatría, pudo haber cursado algunos años de subespecialidad (Niños y adolescentes, ancianos, adicciones, neuropsiquiatría, trastornos alimentarios o múltiples tipos de psicoterapias) y algunos cursos de actualización.
  • El acto de acudir a consulta con el psiquiatra se rige por los mismos principios de la relación médico paciente que el de cualquier otro especialista médico. Los psiquiatras no somos amigos de nuestros pacientes, no los vemos fuera del consultorio y siempre tratamos de mantener lo más posible nuestra vida personal fuera del acto de la consulta, no es que seamos “amargados” y no queramos platicar de nosotros con las personas que vienen y nos cuentan los problemas más íntimos que les pasan en sus vidas, es un requisito para que el trabajo de esta relación sea beneficioso para el paciente.
  • Las recomendaciones de manejo que haga el psiquiatra están basadas en las evidencias científicas de los estudios de investigación y en la experiencia que nos da el hecho de todos los días hacer el mismo trabajo para el cual nos especializamos y que tanto disfrutamos. Siempre se vale preguntar y cuestionar las razones por las cuales nos decidimos por tal o cual tratamiento y así trabajar con pacientes informados. Las decisiones de manejo no son para “molestar y tener drogados a los pacientes”, no por un “complot oscuro de los médicos con la industria farmacéutica” y no porque estemos “cerrados” a las medicinas alternativas y no creamos en ellas, ejemplo la hierba de San Juan, dosis altas de ácidos Omega 3, hacer Hoponopono o aplicar los principios de la medicina cuántica. Escribimos nuestra receta porque ESTAMOS SEGUROS que le vamos a hacer un bien a la persona que tenemos enfrente.
  • El ejercicio de una consulta personal con un psiquiatra lleva implícito el compromiso de la confidencialidad, con el fin de que el paciente sienta toda la confianza de que lo que comente en la consulta, cualquier cosa…cualquier cosa que mencione va a ser tratada sin discriminarlo y con el mero objetivo de usar la información de la mejor forma y conveniencia para los objetivos de la psicoterapia. Solamente existen dos excepciones para romper el compromiso de confidencialidad: cuando la vida del paciente corre peligro o cuando la vida o bienestar de los demás están en peligro. En estos casos estamos autorizados a tomar cartas en el asunto y avisar a los directamente más responsables del paciente o, inclusive, a las autoridades.

Así es que a librarse de los miedos y no hacerse la vida difícil, si sufrimos por nuestra salud mental, no se diga más y a valorarse.

Edilberto Peña