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Mariesther Martínez Eroza

Un hoyo es un agujero natural o artificial, hecho en una superficie.

Imagina que vienes caminando tranquilamente quitado de la pena, cuando de repente, sin más aviso, se abre un hoyo a tus pies y caes irremediablemente hasta el fondo.  Lo primero que sientes es sorpresa: ¿Qué? ¿Cómo? Y después del golpazo empiezas a sentir los golpes, raspones y moretones que te quedan después de haber caído.

Puedes empezar a gritar ¡Auxilio, Ayuda! y muy probablemente alguien te escuchará, pero también puedes perder tiempo enojándote, pataleando, aventando la tierra de un lado al otro y haciendo un verdadero berrinche por lo que te pasó, logrando por supuesto que  caves un hoyo aún más profundo. También puedes quedarte en silencio repasando a todos los ineptos, que seguramente tuvieron la culpa de que tú no hayas visto el tal hoyo, logrando que surja un enorme resentimiento y la pérdida de un tiempo valioso buscando a todos los culpables y haciendo que tu estancia en “el hoyo” sea eterna.

Y entonces surgen las otras preguntas ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué así? Y entonces nos convertimos en VÍCTIMAS.

Este “hoyo” puede ser algún evento en nuestra vida que nos hace tocar el fondo más profundo y triste. Yo creo que todos los seres humanos nos hemos sentido en algún momento en esa situación: Un rompimiento amoroso, la pérdida de un ser querido, el desempleo, en fin, todo lo que tiene que ver con PÉRDIDAS. Y podemos también patalear, buscar culpables, reclamar al destino y estancarnos en un hoyo cada vez más profundo de amargura, indefensión y debilidad.

Cuando se cae en un hoyo es necesario hacer consciencia de lo siguiente:

  • Tomarse el tiempo necesario para hacer el “recuento de los daños”. Checar los golpes, los raspones, las heridas que nos dejó ese evento.
  • Detectar los golpes y sentir el dolor. Y en este punto se vale llorar, se vale gritar y expresar al exterior el dolor y el impacto de la situación.
  • Después podemos analizar la serie de eventos que nos llevaron a ese hoyo y quizá nos demos cuenta de que no fue tan sorpresivo. Es muy probable que la tierra ya se había movido en distintas ocasiones, enviando mensajes de que algo iba a suceder. Aquí es donde podemos dejar de buscar culpables y entender que quizá nosotros colaboramos para llegar a ese punto también; y no para recriminarnos sino para entender que tomar el control de la situación y dejar de sentir que otros mueven los hilos, es muy sanador.
  • No caer en la autoflagelación. Tan malo es ser víctima como ser nuestro propio verdugo. Cero culpas.
  • Y en este proceso podemos también PEDIR AYUDA. A veces pensamos que podemos solos con una situación, la cual se haría más ligera si alguien nos ayuda a cargarla, y a resolverla. Cuando grito ¡AUXILIO, AYUDA! alguien puede tener una escalera, estirarme un brazo o formar una cadena de ayuda que me recordará que somos frágiles y que siempre hay Ángeles en el Equipo.

Todos hemos estado, estamos o estaremos alguna vez en un “hoyo existencial” y si lo manejamos bien podemos salir más fortalecidos y más maduros. No te vaya a pasar que por manejarlo mal, le des el significado que también tiene esta palabra en el diccionario:

HOYO:   Sepultura o agujero hecho en la tierra para enterrar a un cadáver

Y conozco a muchos “cadáveres vivos” que un día dejaron de luchar, de pedir ayuda y ahí siguen…. EN EL HOYO. 

Mariesther Martínez Eroza