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Pamela Jean

CUIDADO ¡Estas frases son peligrosas!

 

De esas veces que estás en una conversación con un cliente, con tu pareja, tu cuñado o tu tío… Todo era perfecto hasta que dijiste “algo” que lo transformó en Hulk; a lo mejor su enojo no fue tan evidente pero automáticamente notaste que se echó para atrás, se cerró, dejó de verte, de sonreír, dijo que tenía algo pendiente y se fue.

Caput.

Se acabó la conversación y con ella, la venta o negociación que tanto esperabas cerrar.

 

-¡¿Qué pude haber dicho/hecho mal?!

 

Bueno… Empecemos por descartar algunas de las siguientes frases que, normalmente, generan estados de ánimo desagradables en quien las recibe. Son frases que activan el mecanismo de defensa de la gente pues, de forma consciente o inconsciente, se sienten agredidos o humillados. Y, por supuesto, ¡nadie quiere estar con alguien que te hace sentir así!

 

10 frases peligrosas que debes evitar:

 

  1. ¿Me entiendes?”: ¿Crees que poner en duda la capacidad de alguien para comprender lo que estás diciendo sea buena idea? Yo tampoco. Mejor di: “¿Me explico?”, “¿Estoy siendo claro?”.

 

  1. “No estoy de acuerdo” o “estás equivocado”: Se vale no estarlo y se vale exponer tu punto de vista. Pero si empiezas anulando el de tu interlocutor, puedes tener la certeza de que inmediatamente él hará lo mismo con tus comentarios.

 

  1. ¿Cómo me dijiste que te llamas? Es equivalente a decirle algo como: “me diste tanta flojera cuando te presentaste por primera vez que ni puse atención a tu nombre”. Pero entonces, ¿qué hacer para recordar su nombre? Escucha con atención desde el principio. Repetirlo un par de veces te permitirá asegurarte de haberlo escuchado, asimilado y te ayudará a recordarlo más fácilmente. Por ejemplo: “Hola Juan, mucho gusto, yo soy Pamela. Oye Juan, y ¿qué te trae por aquí”.

 

  1. “Te lo dije…” o el trilladísimo: “No quiero decir te lo dije, pero te lo dije…”. Créeme, dejar a un lado nuestro ego y esa incesante necesidad de ser reconocidos, hará que le caigamos mejor a la gente. Además, él ya sabe que se lo dijiste. No te regodees en su sufrimiento, ten piedad.

  

  1. Cualquier frase sarcástica con quien no está acostumbrado al humor negro, puede ser altamente ofensiva. Si eres sarcástico, sé también prudente para saber con quién sí y con quién no. Ejemplos de comentarios sarcásticos hirientes:
    1. Tú que todo lo sabes y lo que no, lo inventas…
    2. Claro, como tú eres la señorita prudencia…
    3. ¿Y ahora? ¿Desde cuándo tan interesadito en el cine de arte?

 

  1. Generalizaciones de cualquier tipo: a nadie nos gusta sentirnos “del montón” ni encasillados en una generalización. Además, utilizarlas le restará fuerza a tus argumentos y te hará perder credibilidad. Mejor, sé específico y claro al comunicarte, y no lastimes. Ejemplos de generalizaciones comunes:
    1. De plano TODAS las mujeres son iguales.
    2. Claro, TODOS los hombres son unos patanes.
    3. NUNCA me pones atención cuando te hablo.
    4. SIEMPRE llegas tarde.
    5. NINGÚN hombre es fiel.

 

  1. Restarle importancia a los sentimientos o argumentos de la otra persona:
    1. Estás demasiado alterado para pensar con claridad.
    2. Cuando estés más tranquila hablamos.
    3. Estás exagerando.
    4. Seguro es porque estás en tus días.

 

  1. Hay mucha gente que tiene la tendencia a repetir, sin sentido, a manera de muletilla, la frase: “Te voy a ser muy sincero…” antes de empezar a hablar. ¡Aguas! Podrían pensar que regularmente no lo eres.

 

  1. Frases del estilo: “¡¿Pero cómo se te ocurre hacer eso?!” o “¡¿Cómo?, ¿no se te ocurrió que podía pasar esto?!”. Mejor dile directamente: “eres un estúpido” porque finalmente obtendrás el mismo resultado.

 

  1. El chantaje emocional manipulativo de cualquier tipo:
    1. Si realmente te importara, harías…
    2. Claro, pero a tu mamá sí le cuentas todo…
    3. No te preocupes, yo aquí ceno solo…
    4. La típica de las mamás: “No te preocupes mijito, ya se comerá el perro el pollo que cociné toooooda la mañana”. O la de la abuelita de César: “¿No vas a venir a comer? ¡Pero hice albóndigas!”

 

En pocas palabras, la próxima vez que vayas a abrir la boca, primero pregúntate:

¿Cómo se va a sentir esta persona con mi frase o comentario? ¿Eso es lo que quiero generar? ¿Provocar ese sentimiento me será útil para lograr mi objetivo?

 

Ah, ¡y cuida tu lenguaje no verbal!

El próximo viernes te compartiré algunas posturas y ademanes que te conviene evitar. Pero si no quieres leerme no te preocupes, ya leerá el perro todo lo que con TANTO amor escribí durante todaaaaa la semana. ¡Jaaaa!

 

¡Hasta entonces, [email protected]!

 

Pamela Jean Zetina