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Dale Next a la ayuda

Mónica VenegasHace unos meses viajé a Monterrey donde impartiría uno de mis programas en independencia emocional a una importante empresa de la región. Dicha empresa tenía convenio con el hotel en donde me hospedé. Pronto me percaté de que había olvidado el cargador de mi celular por  lo que no podría poner el despertador. No sé si sea tu caso, pero en lo personal, no puedo descansar cuando esto sucede pues no dejo de pensar que no despertaré a tiempo. Afortunadamente esta sensación desapareció pronto. Por toda la habitación había mensajes haciéndome saber que para el hotel era una prioridad que el huésped descansara, por ello ofrecían un servicio de despertador “garantizado” que me permitiría relajarme. Me preguntaba por qué el hotel garantizaba que no fallaba. Y la respuesta la encontré mientras continuaba leyendo:

“Si no lo despertamos a tiempo, la noche es gratis”

¡Guau! Esto parecía en serio. Ahora podré descansar –pensé- mientras apagaba la luz después de solicitar que me despertaran a las 5.45am. Así, dormí excelentemente, pero si alguna vez has abierto el ojo en la mañana y notas que algo no anda bien,  ya sabrás lo que sucedió….. ¡No sonó el despertador! «¡Madre mía! ¡En diez minutos vendrán por mí!» –grité–. Milagrosamente, logré arreglarme en siete minutos. Al final, no sabía cuál era mi molestia más grande: haber confiado en la gente equivocada o sentirme “fuera de ritmo” al no haber tenido el tiempo suficiente para integrarme al día.

Y es que a veces pareciera que operamos con un tipo de disonancia cognoscitiva. Es como si alguien hubiera movido nuestro reloj interno, nuestro día, nuestra seguridad, nuestra economía. Sentimos que tenemos problemas para adaptarnos y luego nos vemos forzados a “reajustarnos” a nuestra familia, nuestros clientes, nuestras necesidades personales, que en un momento fueron parte natural de nuestro ritmo de vida, pero que parecieran no serlo más. Como si de pronto alguien nos hubiera adelantado el reloj y tuviéramos que ir alcanzando al tiempo mientras intentamos adaptarnos al “nuevo ritmo” o a las nuevas situaciones mientras nos agotamos en una carrera inalcanzable por lo que teníamos anteriormente. ¿Alguna vez has sentido algo similar?

Enmendar, poner en espera o abandonar

Muchas personas me preguntan cómo sobrevivir en tiempos difíciles. Uno de mis descubrimientos más trascendentales al trabajar con tantas personas durante mi profesión, es que no importando el área en la que nos desenvolvamos,  no es la crisis la que nos lleva al fracaso. Es la falta de desarrollar estructuras de apoyo estratégicas lo que nos mantiene apegados a personas, amigos, pareja, procesos o inventarios obsoletos, impidiéndonos actuar “a tiempo”  y llegar con éxito a nuestro destino (como el despertador, que fue un apoyo que tenía a la mano, pero que no servía).

No digo que no requerimos ayuda o que podamos solos siempre. Todos requerimos asistencia en algún momento. Sin embargo, la crisis de hoy requiere soluciones novedosas, por ejemplo, no basta poner el despertador a tiempo. Hay que revisar primero si éste funciona o si está en nuestro mismo horario. No basta si tienes pareja, hay que preguntarnos si nos apoya, nos motiva a crecer o nos causa problemas constantes.

!Hoy te invito a darle next! a la ayuda obsoleta y a enfocarte en nuevas estructuras que te permitirán subir más alto. El futuro nos pinta grandes retos. Hoy te invito a revisar tus estructuras de apoyo (pareja, amigos, procesos, hábitos) y su funcionalidad. Si los relojes que te daban la hora anteriormente hoy fallan, no te apoyes más en ellos. Lo antiguo no siempre es garantía de experiencia o funcionalidad. ¡A veces es garantía de que ya no sirve! Revisa tus relaciones, procesos y hábitos. Enmienda, pon en espera o abandona aquello que te limita a avanzar o te mantiene fuera de ritmo. En estos tiempos no podemos darnos el lujo de manejar estrés adicional. No vaya a ser que ese reloj en el que confías no vaya a sonar a tiempo y se te haga demasiado tarde. ¡Y tú no lo mereces!

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Mónica Venegas

Monica Venegas