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Del chupacabras a Lady wuuu

Francisco Javier GarridoNuestro gusto por los mitos se encuentra arraigado a la cultura colectiva de la humanidad y desde una perspectiva muy tranquila podemos establecer que muchos de ellos son sencillamente inofensivos, pero existen otros mecanismos que toman estos factores como una herramienta con fines que no son tan inocentes; como es el caso del aparato político nacional que nos han publicitado tantos eventos, que sin duda son responsabilidad total. De todos los que apoyamos estos fenómenos.

Cuando estaba en la escuela primaria, recuerdo muy bien que en una televisión pequeña que estaba en la tienda de Don Fermín, escuche la primera noticia del chupacabras en un noticiero de la mañana, sin duda ocurrió lo que podría pasar en la mente de un niño, imagine un animal que se sorbía, “literal” a las cabras en algún lugar del mundo. Le pregunté a Don Fermín sobre el chupacabras y dijo una sarta de peladeces que obviamente no repetiré. (Entre risas digo que por miedo a la censura... Ya ven lo que paso con Brozo) lo que sí recuerdo muy claro es que dijo que eran tonterías de política y que todo era mentira.

En ese entonces la política no me parecía algo importante.

Por la tarde volví a escuchar en la televisión, mientras jugaba tirado en el piso, nuevas noticias sobre el chupacabras y ahora sacaban un dibujo de una especie de murciélago gigante cargando cabras en una mano, lo cual me pareció muy grande. Porque yo sabía que era un animal más pequeño que una vaca, pero no tanto como para cargarlo con una mano; además, sí era muy aterrador, porque las noticias decían que no se comía las cabras solo les chupaba la sangre.

–Y si se acaban las cabras –Pensé–, y luego viene por los niños.

Al día siguiente en la escuela, uno de mis compañeros aprovechó que la maestra salió del salón de clases, éste se levantó la camisa y enseñó a un pequeño grupo de sus amigos, algo secreto. Todos se sorprendieron, pero el bajo rápido su camisa, al mirar que la maestra volvía con más prisa, por algo que había olvidado en su escritorio. La maestra volvió a salir.

La curiosidad nos llevó a preguntar ¿qué era eso que escondían?

Alguien mencionó como murmurando, el chupacabras.

Inmediato pensé.

¡Lo sabía!

Ahora atacará a nosotros los niños. Me acerque y mirando a ese niño directo a los ojos de manera seria, le dije: enséñame, por favor. No le diré a nadie que no quieras. Él puso una cara de no entender mi seriedad, se levantó la camisa y debajo traía una playera que decía: ¡Aquí está su chupacabras!

Era la imagen de un supuesto cuerpo de murciélago, con el rostro del entonces presidente de México Carlos Salinas de Gortari portando unos enormes colmillos, rodeado de ovejas, al lado de una televisión y trayendo en sus manos dos bolsas con el símbolo de pesos. Todos se rieron muchísimo, inclusive el portador y por último yo, aunque no entendía nada, así que después de las risas les pregunté ¿por qué?, algunos más se rieron, pero ahora burlándose porque yo no entendía y estoy muy seguro de que ellos tampoco.

Al regresar la maestra, volvimos a las butacas y yo aún tenía dudas, así que rompí el silencio y le pregunté a la maestra. ¿Qué era todo eso del chupacabras?, en verdad esperaba una respuesta orientada al ver como la maestra miro al techo, mientras reposaba su barbilla en la mano derecha y tomó un momento para responder, todo el salón la mirábamos atentos y por fin nos prestó un poco de atención, para decir: son tonterías de la política y volvió a salir del salón.

La noticia estaba en el aire, había risas y bromas colectivas, estaba en los periódicos, los moneros tenían su propia versión del chupacabras, se vendían mascaras con enormes orejotas en los cruceros, los noticieros mostraban campesinos que decían haber visto a la criatura y durante las entrevistas, había escenas que mostraban lugares del campo.

Yo le pregunte a mi papá, que era todo eso y el respondió «política, y nada de eso es verdad». También dijo una frase que he escuchado repetir muchas veces en muchas bocas. «Cuando se habla de Política, Religión o Fútbol siempre hay bronca, mejor no hablar de ello».

Todos sabían en 1994–1995 lo que estaba pasando en México, lo que nos estaban heredando, más de la mitad de la población mexicana, suponía la estafa que se estaba viviendo en el país por parte de sus líderes políticos. Otros eran parte del desfalco; en marzo de ese año habían matado a un candidato a la presidencia a quemarropa, las filas del magisterio de la sección 50 y la hoy muy conocida sección 23 del SNTE estaban luchando y en pie de huelga. Pocos noticieros, daban una ventana de difusión a un tal Subcomandante Marcos que traía un pasa montañas, además de un gran discurso sobre los derechos indígenas y el E.Z.L.N.

Pero no era correcto, ni discreto. Hablar de política, Religión o Fútbol.

  1. Yo creo que el mejor momento para hablar de ello es ahora y con todos; los niños no son tontos, los jóvenes no están desinteresados y nosotros tampoco somos ignorantes. Sabemos perfecto que las cosas no van a cambiar si no cambiamos nosotros y no obtendremos nada nuevo si hacemos siempre lo mismo; somos el resultado de la educación y experiencias de nuestro pasado.

Estamos terminando este 2016 y para no irnos muy lejos en la memoria, acabamos de sufrir como nación, la pérdida de Juan Gabriel, andamos muy interesados en la fiesta de XV años de Rubí y si me preguntan qué podemos hacer para crecer como país, les responderé con Sarcasmo: Pues muchas cosas, !wuuu¡

Francisco Javier Garrido Ruíz