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El acoplamiento sexual

tere-DIAZActualmente el sexo, la procreación, la sobrevivencia y el sustento no van en un mismo paquete matrimonial como antaño; de ahí la diversidad de encuentros y acuerdos eróticos y amorosos. Hoy los encuentros sexuales a lo largo de la vida pueden ir desde una “canita al aire”, pasando por un intercambio erótico sexual sostenido sin establecer una vida de pareja, hasta la consolidación de una relación amorosa “formalizada”, con o sin convivencia domiciliaria y con o sin contrato matrimonial.

Pero sea cual sea el tipo de encuentro que tengamos, debemos tener presente que cualquier intercambio sexual requiere que la interacción se establezca sin engaños ni falsas expectativas. Antes de dar “rienda suelta” a nuestro deseo, hemos de saber y explicitar de qué va el encuentro, en qué momento de nuestra vida nos ubicamos y qué esperamos de la relación. Habiendo pasado la “cata” de los primeros acercamientos, hay que resistir la prueba del tiempo, pues hay temples, formas, fantasías, e intensidades que de forma sostenida pueden –o no– lograr congeniar.

Un punto central para vivir una libertad sexual gratificante, enriquecedora y saludable es vernos como seres humanos merecedores de un intercambio enriquecedor, como sujetos generadores y receptores de placer, y no como objetos de consumo mutuo. Atravesado el reto de la química, del tipo de vínculo que se quiere tener y la similitud en la escala de valores sexuales, el tiempo dejará ver nuestros gustos y acomodos sexuales.

Hay múltiples factores que determinan el acoplamiento. Según Antoni Bolinches, terapeuta y sexólogo catalán, hay 5 factores que juegan un papel fundamental para lograr una armonía sexual:

  1. La iniciativa: Puede ser que este punto no tenga mucha importancia cuando el deseo de los primeros encuentros es alto, pero si siempre toma la iniciativa la misma persona, el deseo puede verse afectado. Una iniciativa bilateral facilita sentir deseo y aceptación mutua.
  2. La frecuencia: Lo ideal es que la frecuencia la marque el propio deseo, pero éste es caprichoso y varía con el tiempo debido a diversas razones: el nivel de enamoramiento, el tipo de relación que lleva la pareja fuera de la cama, lo abrumador de la rutina y, sin duda, la propia energía sexual de cada uno.
  3. Los rituales: Es decir, el conjunto de prácticas que forman el repertorio sexual. La diversidad de comportamientos que se lleven a cabo harán de la práctica sexual algo diverso, elástico, atrevido o, por lo contrario, lo llevarán a ciertas posturas más o menos mecánicas, invariables y quizá con tendencias conservadoras. Construir un código de rituales requiere diálogo, sinceridad, disposición, seguridad personal y capacidad de experimentación y gozo.
  4. La resolución: Cuando la relación difícilmente culmina en el orgasmo, se produce una frustración tal que puede producir resentimiento: no es lo mismo cuando la relación culmina con un clímax satisfactorio para ambos, que cuando alguno queda insatisfecho. Y no me refiero a esas panaceas “de llegar juntos, siempre, y con la misma intensidad”, sino de lograr esa descarga placentera como resolución frecuente en los encuentros sexuales.
  5. La afectividad post orgásmica: Las muestras de afecto posteriores incrementan o reducen la receptividad sexual. La necesidad de practicarlas después de alcanzar el orgasmo facilitará o dificultará la satisfacción total y la disposición para los próximos encuentros.

Crecer en la dimensión erótico sexual es una de las tareas más desafiantes de la vida. Los vínculos duraderos subsisten gracias a la solidaridad, el compromiso, la inteligencia, la conversación, la intimidad y la alegría, pero también respondemos a una naturaleza sexual gracias a la cual también se desarrolla el gusto por el otro y el apego. La práctica de un buen sexo genera vínculos, por eso los encuentros casuales pueden devenir en pasiones formidables si salen bien. Así que conversa, consulta, experimenta, cuestiona y ten disposición para descubrir y experimentar en el ámbito sexual.

Tere Díaz.

Tere Díaz