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El inútil encanto de las circunstancias

El trabajo es la manera en cómo debes llevar a cabo las actividades que te son asignadas, las cuales te han confiado sólo a ti, por tanto debes mirar esas tareas como retos y oportunidades más que como consecuencias de que algo al azar te colocó en el sitio en donde te encuentras hoy.

La excusa más utilizada por muchos y la manera más sencilla de ver las cosas es atribuyendo todo a la suerte, y justo en ese momento eres presa fácil del inútil encanto de las circunstancias, justificas los fracasos disfrazándolo de “circunstancias”, de hechos fortuitos de la vida.

El inútil encanto de las circunstancias

El inútil encanto de las circunstancias

Lo cierto es que podemos cambiar los fracasos por victorias si así lo decidimos, por ello debemos eliminar de nuestro vocabulario las atribuciones a las circunstancias. Elimina de tu boca las clásicas frases “Si tengo un poco de suerte”, “¡que tengas suerte!”, “con un poco de suerte”, “debo conformarme con mi mala suerte”, “¡Qué buena suerte tuve!”, ¿Qué tal si te enfocas más a tu esfuerzo que a la suerte?

¿Crees que existen las hadas madrinas? Pretender que los buenos resultados dependan del azar y que necesitas “un poco de suerte” termina siendo un ideal fatalista, un ideal basado en la predestinación. Deja de depender de las circunstancias, pues si sigues confiando en ellas nunca saldrás de ese engañoso espejismo.

Es cierto que a veces ocurren cosas a tu favor, nadie lo puede negar, también es cierto que en ocasiones uno tiene un día tan malo que piensa que lo mejor habría sido no salir de casa, pero pase una cosa o la otra uno no debe depender de ello. Es mejor esforzarte para hacer un buen trabajo.

Braulio Pérez Marcio cita a un tal Trine, quien dijo: “No aguardes con las manos cruzadas que te caiga el bien de lo alto. Si es cierto que Dios sustenta a los pajarillos del aire, también lo es que no les lleva el grano al nido”.