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El que espera... ¿Desespera?

Tere DíazSe dice que la palabra esperanza viene del latín “sperare”, que obvioooo, significa esperar. Y se dice también que la esperanza es un sentimiento positivo porque nos hace pensar que lo que deseamos o queremos es posible o alcanzable en el futuro. Así dicho suena requetebonito pero yo, a mi más puro estilito acelerado, me sumo al mentado dicho de que “el que espera, desespera”, y me desespero mucho y seguidito, y con frecuencia también desespero a los demás.

Se me hace que lo que me ocurre es que a veces tengo esperanzas de más, y entre que “son peras o son manzanas” ¡ay como le echo un chorromil de ganas a ciertas cosas con la certeza de que llegará el momento en que finalmente ocurrirán! y ahí me tienen espera que espera –con intento de sonrisita en la boca– y pues nada, lo tan deseado, nomás acaba por no llegar.

No crean que me pongo a decretar en voz alta, con ojo cerrado y sentadita en flor de loto “soy abundancia, soy abundancia”,  o a esperar que el cosmos se confabule y actúe a mi favor; por el contrario: proyecto lo que quiero, ¡me emociono un montón!, hago y deshago para que ocurra, y espero, espero, y espero, hasta que viene el desespero y obvio, cierta frustración.

Adriana mi amiga dice que me falla un “chip” en la cabeza, y como me lo dice bonito y me lo explica con calma, no lo tomo a mal: “Pancha, ni eres tonta, ni estás loca, ni actúas mal, lo que pasa es que cada tanto alguito no conectas cuando anhelas algo de manera especial: no sé, omites datos, minimizas información, y concluyes cosas que difícilmente se van a dar”.

¡Uf, que seguido patino sobre todo en mis intercambios con la gente! Espero de algunos que siempre bien intencionados conmigo, o creo que otros – tras entablar un buen diálogo- un conflicto mutuo van a disipar, ¡y ni que decir del amor eterno!, cuando deseo que “nuestro amor nunca se acabe” me doy un buen frentazo y tengo que volver a empezar.

No vayan a creer que soy una “looser” hecha y derecha. Tengo haaartos logros cotidianos, continuas sorpresas estimulantes, y varios proyectos en la mira que llenan de sol mi continuo caminar. Y quizás por que la balanza se inclina del lado positivo en mi vida, aunque me desespere en la esperanzadora espera de que algunas cosas que nomás no llegaron algún día lleguen a pasar, yo sigo apostando –con todo y ese “chip cerebral” que me confunde- en que mucho se puede. Y prefiero con todo y desespero sumarme al proverbio japonés que afirma: “Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”.

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Tere Díaz