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Estamos aquí para aprender a ser felices



"Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entro en ella. De eso se trata esta tormenta." 

Haruki Murakami

 

Francisco Javier GarridoDesde los tiempos más antiguos en la memoria de nuestra humanidad, conocemos que las culturas que muchos consideran primitivas, nos demuestran los loops del tiempo. Es decir, nos demuestran que el tiempo tiene formas cíclicas y es la naturaleza quien viene a darle veracidad a tal observación.

Muchas veces podemos ver como se ha manifestado esta creencia debido a diversas vivencias; desde la frase que nos cuenta “Tropecé de nuevo y con la misma piedra” hasta los fundamentos budistas que nos habla de los 6 reinos del renacimiento que dicta: “la Rueda del Samsara”. Pero, ya sea por filosofías religiosas profundas o por versos que se han hecho parte del vox populi; la presencia de estos hechos es innegable; lo interesante es saber ¿para qué están aquí los ciclos?, Responder esta pregunta nos ayuda a responder ¿para qué estamos nosotros aquí?

La respuesta de los ciclos nos ayuda a recordar o repasar las experiencias para aprender y definirnos, nos ayuda a tener una nueva oportunidad; si usáramos metáforas de videojuegos, seria pasar de nivel o regresar al nivel con mayor experiencia lo que nos ayudaría a ser mejores en el juego y tener mayor puntuación.

Cada ciclo y repaso de ciclo nos ayuda a tener mayor y mejor conocimiento de nosotros y la vida hace que todo lo que esté a nuestro alrededor sea un maestro o algo tormentoso, pero la decisión siempre es nuestra.

La vida nos enseña de manera particular que nuestro verdadero valor existencial, es minúsculo y de manera universal es infinito.

Recordando y aceptando la perspectiva de como lo escribió, el poeta chiapaneco Jaime Sabines: “La vida, no tu ni yo. La vida es para siempre” podemos encontrar verdades mayores que ayudan a que el entorno tome otros valores y los problemas, no se ven tan complejos y aterradores como creíamos.

Pero nosotros necesitamos de parámetros y formas que hagan del exterior algo más familiar y así nombramos y numeramos todo. Por ello sabemos que un año termina y otro comienza, sabemos qué hay estaciones del año, periodos escolares y que también hay personas que llegan a nuestra vida y se van.

Nosotros mismos somos un ciclo constante dentro de una serie de ciclos mayores y lo mejor de todo, es las programaciones tan humanas que tenemos de origen.

Estamos diseñados para ser libres, para ser instintivos y para avanzar; por ello es que el sufrimiento aparece cuando no actuamos como fuimos programados.

Aunque a veces creemos en los “Adioses” debo contarles que a muy buen tiempo descubrí que nosotros no dictamos el adiós, con mucho esfuerzo podríamos establecer un hasta después, es la vida que dicta el Adiós verdadero. Cuando hace que los ciclos de vida de los nuestros, lleguen a su etapa final y nuestra obligación es disfrutar del aquí y ahora; al lado de los que tenemos y haciendo lo que hacemos.

La mejor comida es la que tenemos frente a nosotros, el mejor momento el presente y la mejor oportunidad es esta.

Nacimos para ser felices y experimentar la gama de emociones que las experiencias nos ofrecen, sin duda la vida nos enseña de manera dura y la realidad a veces parece cruel. Pero, eso solo es una pequeña percepción, cuando no estamos en ritmo con todo lo que somos y lo que creemos que debemos ser.

El Dolor (A quien yo, lo llamo mi más grande maestro) en el camino es inevitable, pero el sufrimiento es algo opcional.

El sufrimiento no es tan valioso; es y apenas un berrinche por negarnos a lo inevitable: que la vida avance generando cambios. (La vida no se detiene) La mejor manera de aprender de cada ciclo es con música, porque esta gran maestra nos enseña a fluir y nos enseña de los ritmos sobre los tiempos; todo lo demás es complejidad y desgaste.

Nacimos para transformar; Nacimos para ser felices.

¡Adiós 2016!

Gracias Lectores.

Francisco Javier Garrido Ruíz