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¿Debemos estar alentando y felicitando a nuestros hijos por todo?

Edilberto Peña de LeónExisten muchas conductas y costumbres en el ser humano que se va demostrando con el paso de los años que tienen comportamientos de tipo pendular. Y creo que el modelo de crianza es uno más de los fenómenos que se ajustan a este patrón. Los que somos de la generación “X” ya sonamos a que nos estamos haciendo viejos cada que en una reunión de padres de la escuela de nuestros hijos sale el tema de que a nosotros nos educaban con la mirada, rápido obedecíamos, no reclamábamos, y en los casos necesarios respetábamos la ley de “chancla” o el “cinturón”. Todas estas conductas que serían impensables en el momento actual para la educación de nuestros hijos, pero aún, de intentarlo creo que hasta nos saldría peor… recuerdo a uno de mis hijos citando los derechos de los niños.

En las últimas semanas me ha puesto a pensar en especial una de estas conductas: ¿Debemos de estar alentando y felicitando a nuestros hijos por todo lo que hacen? La escuela entregando diplomas de haber concluido el curso escolar a todos (sin importar su desempeño), partidos de futbol donde hay papás abrazando y felicitando a jugadores que lo hicieron bastante mal en el juego, incluso viendo la cara de los niños de incredulidad y hasta enfadados de que se les estén comentando logros que no sintieron ellos en la cancha… o el multicitado dentro del consultorio “es que mi hijo es super inteligente, no sabes como maneja la tecnología”. Hemos bajado mucho el listón de cuando un logro merece una felicitación fuera de lo común y cotidiano, y por lo tanto, consiguiendo justo lo contrario a la justificación para hacerlo. La justificación es el mantenerlos siempre con apoyo y empuje, para que no se rindan y sigan buscando lograr los objetivos.

Los resultado que vemos ahora con estos niños son:

  • Es suficiente un esfuerzo mediocre para conseguir un premio.
  • El que los padres parezcamos porristas incondicionales con metas que no justifican tanto premio.
  • Un nivel de frustración muy bajo, cuando con la madurez se tienen que enfrentar a objetivos que requieren un esfuerzo mayor, no se logra y no entienden que fue lo que pasó.

Me parece que es buen momento para cuestionarnos este uso y costumbre de esta generación de padres.

Edilberto Peña