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La autocompasión y sus beneficios

Imagina un niño de 5 años que no puede hacer sumas ¿Qué harías? Quiero pensar que gritarle, insultarlo y tratarlo mal no está entre tus opciones. Entonces ¿Por qué cuando a ti algo no te sale bien te tratas mal? Son pocas las personas que frente a un fracaso se tratan suavemente.

Es curioso, con el niño entendemos que tratarlo mal lo único que logrará será generarle más dificultad para resolver las sumas, además de traumas y heridas que muy probablemente le afectaran en otras áreas de su vida. Realmente no somos tan distintos al niño.

La autocompasión se confunde con 3 cosas: lástima, conformismo y “no pasa nada”. Ser autocompasivo es poder verte en un camino de aprendizaje y cambio, entendiendo que parte del proceso es cometer errores; es tener la capacidad de decir “hoy así estoy y está bien”, es poder verte con ojos compasivos y entender que tus dificultades son resultado de cosas que seguramente no fueron fáciles en tu historia.

No importa si viviste en casa de lámina o en una mansión, todos tuvimos carencias y dificultades, ver esas dificultades en tu historia no es tenerte lastima, es más bien reconocer que eres el resultado de muchas vivencias buenas y no tan buenas, el verlas hace que puedas por un lado cuidarte (si sé que tengo una herida con que la gente no sea puntual, podre desde un lugar maduro pedir que lo sean, haciéndome cargo de mis heridas) y por otro lado usar esas heridas como recurso (probablemente puedas volverte alguien puntual) por eso verte con autocompasión más que lastima es verte con ojos de realidad y fortaleza.

Si estas en un proceso de cambio decir “hoy así estoy y está bien” no es conformismo, es reconocer que estas en un proceso y todo proceso tiene su tiempo, respetar tu tiempo te ayuda a que el proceso pueda fluir más rápido; volviendo al ejemplo del niño, si además de sus dificultades frente a las sumas le anexamos una voz de reclamo y regaño esta voz lo distraerá y le será más difícil seguir aprendiendo. Pelearte contigo solo hace más lento el proceso, la energía que usas para regañarte puedes usarla para seguir aprendiendo.

Tampoco es “no pasa nada” al contrario es poder reconocer que ha pasado mucho y por eso tienes una dificultad, aunque suene dramático, la vida duele, pasan cosas que nos lastiman. Estar consciente de eso nos ayuda a poder cuidarnos y a nuestros seres queridos, vernos con ojos de autocompasión es un gran recurso para ver que tenemos heridas y aunque no son algo que nos destroce la vida (no si decidimos trabajar en ellas) si son lugarcitos donde debemos cuidar nuestro corazón.

Esta semana te invito a que leas tus propósitos de año nuevo, quizá sea el sexto año consecutivo que pones “bajar de peso” o “ahorrar dinero”, te invito a que hoy veas esa meta con ojos autocompasivos, que entiendas que no vas aprender a comer sano o ahorrar de la noche a la mañana y quizá si desde hoy comienzas a ser suave contigo en el proceso de cumplir esas metas tengas más energía para cumplirlas.

Si te gustaría saber cómo tus heridas pueden ser un recurso, no te pierdas mi siguiente columna donde hablaremos de eso. Si tienes algún comentario o petición, son bienvenidos en la parte de abajo.

 

Amilcar Valdes Farrugia