La conmovedora historia de las manos laceradas

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Un popular relato que circula en redes sociales y en algunos otros espacios habla de un joven que había sido criado sólo por su madre. Su padre los había abandonado antes de su nacimiento, pero la mujer no se dio por vencida ante las circunstancias y decidió trabajar duro para darle la mejor educación a su hijo.

El muchacho, conforme crecía, iba teniendo éxitos académicos y cada vez más sus conocimientos admiraban a sus compañeros de clase. Se graduó con honores y llegó el momento de ir en busca de su primer empleo.

Logró una entrevista con una importante empresa y curiosamente habló con el dueño de la compañía que requería sus servicios. Respondió positivamente a todas las preguntas que tenían que ver con su carrera.

En la conversación el magnate le preguntó: ¿Tienes padre y madre? -el joven contestó- No, sólo tengo a mi mamá, nunca conocí a mi padre.

-¿Quién te apoyó para tus estudios?

-Mi madre siempre me ha apoyado, ha tenido varios trabajos y gracias a ella he podido salir adelante

-¿Cuáles son tus tareas en el hogar?

-No tengo muchas, mi madre casi nunca me deja, siempre me ha dicho que lo más importante son los estudios.

A éstas alturas la conversación se volvió un poco incómoda para el aspirante, pues no entendía qué tenía que ver con el empleo que estaba solicitando.

El empresario realizó una extraña petición: “Te voy a programar una segunda entrevista, quiero que vayas a casa y le laves las manos a tu madre y mañana, cuando regreses, hablaremos de éste asunto”. La entrevista fue programada y el solicitante salió a casa.

Sin duda alguna él quería quedarse con el empleo, había sido un gran estudiante y no iba a desaprovechar la oportunidad. Así que decidió hacer lo que se le pidió, aunque le seguía pareciendo algo extraño.

Al llegar a casa le pidió a su mamá que le dejara lavarle las manos. Ella se extrañó y se incomodó, pero accedió a la petición de su hijo. Mientras el muchacho lavaba las manos de su madre se dio cuenta de que eran callosas y muy maltratadas, incluso tuvo que pedir disculpas en momentos en que ella se estremecía debido al dolor que sentía por los achaques. Ella había lavado por mucho tiempo ropa ajena y trabajado como sirvienta, ahora el tiempo de tanto trabajo ya le cobraba factura en su salud y en sus manos laceradas.

Para cuando el joven terminó, en su rostro había lagrimas, y le dijo a su madre: “Mamita, de ahora en adelante yo te ayudaré más en el hogar, quiero que trabajes menos, ahora yo te voy a ayudar”.

Aunque el chico ya sabía que su madre lo ayudaba, fue la primera vez que comprendió de manera más profunda todo lo que ella había hecho por él. De haberlo entendido antes, se habría dado el tiempo para ayudar más en el hogar, y quizá, su madre tuviera menos dolencias.

En la segunda entrevista el empresario fue más breve: “¿Qué hiciste y qué aprendiste ayer?” El joven respondió: “lavé las manos de mi madre y no sólo eso, ayer hice todo el quehacer de la casa. Entendí lo que es apreciar todo lo que mi mamá ha hecho por mí, si se me da el trabajo ayudaré más de lo que tenía pensado a mi mamá”.

El propietario de la empresa dijo: “esto es lo que quiero en mi compañía, personas que sepan apreciar el trabajo de los demás, si me prometes ser así estás contratado”.

Ésta historia nos enseña que debemos asignar tareas a los hijos, el trabajo ennoblece (una persona noble es aquella en que no hay maldad o malas intenciones). Las tareas que asignes a tus hijos les ayudarán a forjar un carácter diferente. Los jóvenes que crecen con una mentalidad de “me tienes que dar” y se ponen así mismos en primer lugar no serán buenas personas, serán gente menos agradecida.

No se ayuda mucho a los hijos al ser padres sobre protectores. La historia hablaba de una madre soltera, pero no importa la clase social o la posición económica, así se tenga o no empleada doméstica en casa, es importante que los hijos aprendan a tener deberes y responsabilidades en el hogar.

Enséñales a apreciar el esfuerzo y a tener la experiencia de la dificultad, enséñales a trabajar con los demás. Al final, estarás construyendo a un buen ciudadano y a un hijo más comprensivo.

Es mejor que ellos aprendan a ayudar

Es mejor que ellos aprendan a ayudar

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