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La doble cara del enamoramiento

edelmira_cardenasPermitirle a tu cuerpo y corazón sentir jamás es una trampa, y por eso enamorarse tampoco lo es. A veces –habrá que aceptarlo con sinceridad- la carne y el corazón se inclinan por impulsos que simplemente no podemos controlar: sentir no es opcional (ni siquiera para aquellos que inconscientemente reprimen). El problema llega cuando no podemos ordenar las cosas en su lugar y no dejamos que el corazón haga el trabajo del corazón, la mente los asuntos de la mente, ni al cuerpo los menesteres de la carne. ¿Te ha pasado que te sientes irremediablemente atraído por alguien y sientes que no puedes vivir sin ella o sin él y que quieres pasar cada instante con esa persona que te hace sentir mariposas en el estómago? ¡Felicidades: estás enamorado! Y digo “felicidades” porque el enamoramiento es una experiencia que, aunque no siempre termina como nos gustaría, siempre ofrece, a quien lo padece, más bien que mal.

Por desgracia hay personas que parecería que al enamorarse adquieren más pena que placer, pues se olvidan que el enamoramiento es una antesala indispensable para llegar al centro de toda relación que es el amor. Algunos de los puntos insanos (o trampas, para fines de este artículo) que suelen vivir aquellos que se enamoran desintegradoramente son:

  • Como viven con el temor de perder a la persona, ahora viven más para conservarla que para disfrutarla.
  • Su estado de ánimo depende en gran medida del semblante del otro: codependencia.
  • Si pudieran, extirparían los pulmones de ambos para que los dos respiraran del mismo tanque de oxígeno.
  • Los besos dejan de ser caricias cachondas y pasan a convertirse en un modo de supervivencia donde se pretende (al menos en la intención) succionar el alma del otro para adquirir algo así como la fuerza vital de la relación triunfadora.

Cuando existen los puntos que acabamos de tocar (entre otros), siempre se correrá el riesgo de que se pierda la sana individualidad, y cuando se pierde la individualidad de las personas sucede que, irónicamente, precisamente por procurar de mala forma aquello que tanto necesitan: unión y vínculo, terminan provocando aquello que tanto temen: lejanía y rompimiento.

Ya mencionaba que el enamoramiento no es una trampa, pero para los que lo viven como tal es quizás porque no le saben dar su debido lugar e interpretación: es una etapa de aprendizaje y allegamiento a tu pareja, no una oportunidad para sofocar al otro y a ti de paso. Nadie te puede dar una sugerencia para desenamorarte o enamorarte adecuadamente, eso es lo bello del corazón y la carne: nadie los manda… lo que sí te pueden dar es una guía para vivir de forma sana, integradora y formativa de todo aquello que llega sin avisar y que se va cuando le viene en gana. Recuerda que la diferencia entre enamorarse y amar es que uno no elige por quién se inclinan nuestros apetitos, pero siempre se puede escoger con quién se construye el amor.

Edelmira Cárdenas