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La Fe

Georgette RiveraAyer por la tarde después de casi una hora de solicitar taxi en las aplicaciones telefónicas del celular y sin poder encontrar alguno, salí a la calle creyendo tener más suerte pero no fue así, por lo que me dí a la tarea de apresurar el paso para llegar a mi cita puntualmente, y me dí cuenta que el tráfico se encontraba yendo de Paseo de la Reforma hacia el centro. Observé mientras cruzaba la calle a ciclistas y personas a pie que venían extenuadas pero felices, pues por fin estaban muy cerca de llegar a la Villa ya que hoy es el cumpleaños de la Virgen Morena, nuestra Guadalupana.

Las inclemencias del tiempo hicieron mella en muchos de los peregrinos, se les escuchaba roncos, con tos y padeciendo frío; sin embargo, nada a estas alturas fue capaz de detenerlos, incluso aquéllos que cada año repiten la experiencia y se vuelven a dar cita para ir al santuario del Tepeyac a agradecer todo cuanto han recibido. Viendo todas las situaciones por las que los fieles pasan para llegar a su destino, puedo palpar que su fe es firme e imperturbable y, en efecto, la larga caminata, los ayunos, o las promesas que hayan hecho es cuestión muy personal que debe ser respetada, pues en realidad no sabemos lo que en cada corazón ha sucedido ni las muchas batallas que han librado para poder llegar hasta el momento de estar frente al Altar de la Basílica a ofrendar nuevamente algo para agradecer o para recibir un favor, sea cual sea la razón por la cual lo han decidido, es importante señalar que solo se trata de una cosa, Fe.

Es lo que en realidad mueve a aquéllos que creen y depositan su confianza en Dios, la Virgen o algún Santo, es una fuerza inquebrantable que se aloja como huésped en las entrañas de una persona y le permite seguir adelante sea cual sea la situación por la que atraviesa, se establece un vínculo que solamente el creyente puede sentir, pues sería muy ocioso querer explicar algo que nace como la caída de una cascada, con fuerza, sin interrupción y con el propósito de dar más vida.

En nuestro país hay una cultura de la fe muy grande, no importa si los peregrinos van a ver al Santo Niño de Atocha o al Señor del Veneno, lo esencial es que como cada 12 de diciembre, los caminos que parecen habituales se vuelven sagrados y hasta cierto punto rituales, pues se repiten año con año y eso quiere decir que muchos solo están renovando su pacto con la esperanza y con la fe, en pocas palabras con Dios.

Que tengas una bendecida semana.

Georgette Rivera

Georgette Rivera