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La magia de un buen faje

No importa qué edad tengas. Ya sea que estés en pleno descubrimiento de tu sexualidad o domines a la perfección la técnica, debes saber que no hay nada como un buen faje. Claro, el sexo como tal es placentero y excitante, pero si no sabes calentar la máquina no vas a llegar muy lejos. Es más, hay personas que disfrutan más del faje que de la penetración.

Digamos que es algo similar a lo que ocurre con el boiler en casa. ¿Te meterías a bañar en una fría mañana de invierno, sin que te hayas asegurado antes de que el agua esté caliente? ¡No! Gritarías y saldrías corriendo de la regadera en dos segundos.

 

Lo mismo ocurre con el sexo. No puedes tener el mejor encuentro de tu vida, sin que antes hayan calentado motores y encendido cada terminal nerviosa de tu cuerpo. De hecho, son esos besos y caricias los que te hacen pedir más y ponerte a todo para llegar al orgasmo.

En teoría, fajar es un arte que se aprende con la práctica y al que cada quien le da su toque personal. Tal vez lo tuyo sea el roce y frotamiento de sexos sobre la ropa (lo que se conoce en el bajo mundo como “la cabalgata en seco”), o de plano prefieras la masturbación mutua; sin embargo, hay algunos aspectos que debes cubrir:

  • Ritmo. Debes comenzar lento e ir subiendo intensidad. Sería ridículo que en cuanto comiencen a fajar le estés metiendo mano. Recuerda que se trata de estimular cada terminal nerviosa, así que los besos y caricias deben cubrir todo su cuerpo.
  • Manos. En un buen faje, no hay lugar para dejar las manos quietas. Úsalas para acariciar su rostro, cuello y brazos. Cuando notes que su respiración comienza a acelerarse podrás pasar a tierra prometida y tocar su cintura, pecho y demás partes interesantes.
  • Posición. Aunque su cadereo debe ser rítmico, para que realmente disfruten el faje deberán cambiar frecuentemente de posición. De otra manera, podrían cansarse y aburrise.
  • Delicadeza. ¡Ojo con los botones, cierres, costuras y demás! No querrás pellizcarla o rasguñarla en medio de la diversión.

En realidad, para tener un buen faje debes considerar dos cosas: tus instintos y las reacciones que tenga tu pareja mientras la toca. Ésa será la mejor guía de lo que debes hacer o no.

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