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La principal causa de sufrimiento humano es la competencia

Edgar SpringallBasado en los últimos hallazgos científicos, una de las principales causas de dolores generados por la neurobiología de nuestros cerebros, es el rechazo.

El rechazo sería la combinación de enfocarnos en nuestros fracasos con respecto a nuestra conexión con los demás. Pero lo que realmente constituye un rechazo, es la sensación de competencia donde indudablemente nos comparamos contra los demás.

Sólo cuando competimos sufrimos.

Si lo examinas detenidamente, sólo existe el sufrimiento cuando competimos, ya que generamos un instinto de supervivencia donde el cerebro nos lastima cuando fallamos, donde sentimos estrés, tristeza o enojo y frustración cuando no nos desempeñamos como nos indican las reglas de nuestras familias o cuando sentimos rechazados (la sensación de no cumplir con estas reglas).

¿Por qué sentimos dolor por el rechazo y fracaso?

Algunas teorías psicológicas apuntan a que años atrás en las épocas de las cavernas, era muy importante la convivencia en la tribu a la que pertenecíamos, ya que si nos rechazaban o nos expulsaban de la tribu, al tener que sobrevivir solos a la intemperie, había muy pocas probabilidades de supervivencia. Fue así como desarrollamos el instinto de supervivencia más fuerte que tenemos, que es la necesidad de sentirnos aceptados para sobrevivir.

Es el miedo más fuerte de nuestros ancestros, pero hoy en día no es de gran utilidad ya que si me rechazan puedo experimentar dolor mas no me va a matar.

En algún momento de la existencia asociamos el éxito con la supervivencia y si nos aprueba nuestra tribu el cerebro nos recompensa con endorfinas haciéndonos sentir aceptado y en paz.

Esta es la sensación de que valemos más si nos aceptan.

El rechazo se siente como si nos muriéramos, mas no tenemos por qué sentirnos así ya que no nos va a matar que nos excluyan.

Es por esto que el miedo a hablar en público es más fuerte que el miedo a la muerte, lo cual no es lógico ni práctico.

¿Cómo opera el miedo al rechazo dentro de nosotros?

Hay que reconocer que hay una parte de nuestra mente que constantemente está criticando todo. Cuando nos critica a nosotros es nuestro auto-critico (inner critic en inglés). Esta voz normalmente habla y nos recuerda todos los días nuestro fracasos y debilidades. Realmente es un instinto de supervivencia que nos alerta a que normalmente no nos van aceptar por nuestros errores, fallas o por cómo somos y nos hace sentir que no somos los suficiente.

La sensación de no ser lo suficiente es la verdadera causa de nuestro sufrimiento, para poderla cambiar es necesario volvernos conscientes de nuestras sensaciones internas.

Para lograr cambiar la sensación de no ser los suficiente es necesario:

  1. Volverte consciente. Tienes que observar los comentarios de tu auto-critico, funciona mucho mejor, si apuntas todos los comentarios que piensas acerca de ti mismo durante el transcurso del día. Te sorprenderás de que tu principal bully es tu propia mente.
  2. Descubre contra que estás compitiendo. ¿Contra qué me comparo? ¿Me estoy comparando contra otras personas o contra lo que los demás esperan de mí o contra lo que yo espero de mí mismo?
  3. ¿Pienso que necesito cambiar para que me acepten? ¿Tengo la sensación que necesito resolver algo para permitirme ser feliz?
  4. ¿Alguien me está poniendo a competir o soy yo mismo? Si me dicen que debería ser de otra manera me están comprando y me están poniendo a competir.

Si pienso que necesito lograr algo para ser feliz normalmente significa que no te sientes lo suficiente y te falta demostrarte para sentirte aceptado.

Una vez que interiorice que estoy compitiendo lo que hay que comprender es que ganar la carrera no es lo importante sino el crecimiento que me da la carrera.

Todos nuestros fracasos nos dan enseñanzas y hay que concentrarnos en las experiencias pensando:

Reconozco que he fallado en el pasado y me permito aprender de mis fracasos, pero decido pensar que todos los días y en todas las maneras me convierto en una mejor persona y valgo más.

Edgar Springall