Las bacterias más deliciosas

¡Comparte en tus redes!

¡Date a la idea! Probablemente cada vez que la palabra “bacteria” llega a tus oídos comiences a asociarla con cosas dañinas para tu cuerpo, y lo cierto es que nos pasamos la vida protegiéndonos de microorganismos que pudieran enfermarnos. Solemos lavarnos las manos antes de comer, usamos gel antibacterial y procuramos no ensuciarnos, pues sabemos que las bacterias provocan enfermedades.
La buena noticia es que tenemos bacterias benéficas por dentro y por fuera, las cuales nos protegen y nos mantienen sanos. Algunas de esas bacterias son las Lactobacillus, hay catorce variedades. Entre ellas las más populares son casei, bulgaricus y acidophilus.

Las lactobacillus convierten los azúcares en ácido láctico, por ello las usamos para elaborar alimentos fermentados saludables, como el yogur.

Lactobacilos búlgaros, nombre común con el que se conoce a las colonias de las bacterias Lactobacillus bulgaricus, fueron descubiertas por el búlgaro Dr. Stamen Grigorov en 1905, aunque ya eran conocidas por algunos habitantes de Bulgaria 7 mil años antes de Cristo.

¿Cómo hacer yogur de búlgaros?

Necesitas: Leche ultrapasteurizada, granos de búlgaros, dos recipientes (uno debe ser de vidrio), y una coladera.
Coloca una cucharada de granos de búlgaros en el recipiente de vidrio. Agrega medio litro de leche a temperatura media. Cubre el vaso para que no entren bichos y evita que le de la luz indirecta, puedes cubrir el vaso (o frasco, si quieres) con una toalla.
Deja reposar el contenido del vaso de 12 a 48 horas, agítalo de vez en cuando. Prueba la leche después de 12 horas y verás que es más viscosa y un poco ácida. Cuando alcance un sabor agradable cuela los búlgaros en el otro recipiente y agrega al líquido fruta o saborizantes. ¡Tendrás una bebida deliciosa y saludable!

Lo que queda en la coladera son microorganismos vivos, puedes enjuagarlos y usarlos para hacer más yogur. Aquí te mostramos una guía que nos encontramos en la web.

¿Sabías que…? En Bulgaria usan de nombre el del abuelo paterno y el apellido del padre, con un sufijo distinto dependiendo del género de la persona en cuestión (-ov para hombres y -ova para mujeres), por ello es común que el nombre y apellido sean iguales. Por ejemplo Angel Angelov o Ivana Ivanova.