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Las malas amistades

columnista - Ximena Sandino - 1000X525-2017En la actualidad, las influencias de las malas amistades en los jóvenes se han convertido en una gran preocupación para los padres. Evitar la influencia negativa de los amigos es asunto importante, sobre todo cuando inicia la adolescencia. Sabemos que los grupos de adolescentes constituyen uno de los terrenos más fértiles para la propagación de malas conductas e incluso de adicciones: tabaco, alcohol o droga.

A los jóvenes les preocupa la enemistad, quedarse sin amigos. Los adolescentes sin amigos tienden a sentirse más solitarios e infelices. Esto impacta el rendimiento escolar y también tienen baja la autoestima. Los jóvenes en esta situación corren más riesgo de dejar la escuela o de involucrarse en actividades negativas.

El miedo a la soledad puede hacer que una persona se relacione con gente que no le aporta cosas buenas por el miedo de quedarse aislado desde el punto de vista social. El deseo aceptación por parte de los demás. Una baja autoestima puede llevar a la persona a recibir cariño a cualquier precio.

Se clasifican como malas compañías aquellas relaciones en las que una persona ejerce una influencia negativa sobre otra. Desde el punto de vista de la edad, las personas son especialmente vulnerables cuando son adolescentes porque están en un momento de su vida en el que todavía están desarrollando su personalidad.

Los jóvenes son muy vulnerables ante el poder del grupo, esta es una de las razones por las que los padres deben de estar muy atentos para conocer con quién se relacionan sus hijos.

Las relaciones tóxicas son aquellas que se definen por la ausencia de libertad. Es decir, existe algún tipo de sometimiento de uno hacia otro. Las relaciones personales deben desarrollarse de igual a igual. Cuando no existe esta jerarquía en las relaciones, entonces, hay algo que está mal.

Es muy importante ser selectivo en las relaciones personales, es decir, ser coherente con los propios valores y expectativas personales para no caer en la trampa de relaciones poco adecuadas. Para frenar el miedo a la soledad, es importante que sepan que se tienen a sí mismos. La base de las relaciones personales con los demás, es una buena autoestima.

Debemos enseñar a nuestros hijos a que nunca hagan nada que vaya en contra de sus propias ideas y creencias por el hecho de querer agradar a los demás. No es bueno querer buscar la aprobación de los demás a cualquier precio. Deben aprender a decir no y marcar límites a los demás.

Debemos enseñara a nuestros hijos a que observen quién los hace sentir incómodos, quien los presiona para que hagan cosas con las que sus padres o él mismo no están de acuerdo o quien se burla de cuando no quieren hacer lo que les dicen. Este tipo de amigos son malas influencias porque no respetan las opiniones ni los valores de los demás.

Nuestros hijos deben saber también que pedir ayuda no es debilidad. Si tienen dificultades para decir “no” o para alejarse de un amigo que es una mala influencia, es válido pedir ayuda a otros amigos de mayor confianza, o a la familia o a alguna autoridad escolar.

Confrontar a alguien que sea una mala influencia puede ser difícil, pero hay que asumir la responsabilidad e intentarlo; de lo contrario, seguirá de la misma forma. Tal vez pueda enojarse o no comprender por lo que debe señalarse el comportamiento con el que no se está de acuerdo, en lugar de criticar.

Como padres, debemos recordar que antes de hablar con nuestros hijos sobre un amigo que pensamos que es una mala influencia, pensemos en lo que lo hace reaccionar de esa forma ante ese amigo. Quizás culpemos por completo al amigo, cuando en realidad pasa algo con nuestro hijo que lo hace tener ese amigo. Debemos comprender que es normal durante la adolescencia que los jóvenes traten de encajar e imitar a sus compañeros, así que no se trata solo de una presión o una influencia negativa por parte de su amigo.

Aunque no nos agraden los amigos de nuestros hijos o la forma en que los tratan, es importante evitar hacer solo comentarios negativos sobre sus amigos. Esto solo hará que se acerquen más a esos amigos y se alejen de nosotros.

Cuando el amigo de nuestros hijos haga algo que no nos agrade, como ser insolente o robar algo, debemos ser muy claros y directos sobre el comportamiento que no nos agrada. No debemos juzgar la personalidad o el carácter de sus amigos.

Las amistades vienen y van durante la adolescencia. Una vez que los chicos llegan a la secundaria, su cerebro e identidad siguen desarrollándose. Empezarán a sentirse más seguros de lo que son y de lo que creen, y los amigos y la presión de grupo no los influenciará tan fácilmente. Hay que tener paciencia en este proceso y confiar en que siempre que apoyemos la independencia de nuestros hijos y le demos estructura y límites, elegirán bien a sus amistades.

Ximena Sandino