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Mariesther Martínez Eroza

¿Sabías que nuestras palabras tienen filo?

Hay situaciones que nos llevan al límite. Emociones que se salen de control y se concentran en una sentencia, una amenaza y a veces en una maldición dirigida a los que odiamos y a veces a los que amamos. Las palabras tienen filo…. ¿Qué significa esto?

 

Significa que hay palabras que llevan cargas de odio por el significado que les damos y sobre todo por la energía que imprimimos al decirlas. En un momento de límite somos capaces de decir cosas horribles, y aunque después nos arrepentimos, el daño está hecho. Esas palabras hirieron y lastimaron, a veces a las  personas que más amamos y dañaron de muerte la relación que tenemos con ellos.

 

Las pasiones buenas y malas son generadas en nuestras entrañas, ahí a la altura del estómago. Cuando tenemos un problema o un enojo, es ahí donde se instala el malestar. Pero las entrañas tienen un gran cómplice, el cerebro o la mente que se la pasa recordando los malos momentos y alimentando esa pasión que en algún momento saldrá  y se manifestará con gritos y maldiciones llegando quizá a los golpes.

 

 

Sin embargo, entre el cerebro y el estómago, se encuentra un órgano maravilloso que es capaz de filtrar esas pasiones. Es nuestro corazón. Ese corazón en el cual habita el AMOR. Ese que comprende y perdona. Ese que se eleva y observa desde un nivel superior todas las situaciones y que elige amar en lugar de odiar.

 

El filtro se aplica dirigiendo El AMOR principalmente a tí mismo preguntándote: ¿Vale la pena que me desarmonice por esta situación? ¿Vale la pena que me enferme a la salud de alguien más? ¿Le voy a otorgar todo el poder a esa persona para que me debilite? O ¿Vale éste enojo más que la relación con esta persona que amo? La respuesta es NO. Nada vale que pierdas tu paz.

 

Y después de hacer ese análisis, dirigir el amor incondicional a esa persona que sin saberlo detuvo su evolución por lastimarte. Observa qué pequeño se ve y créeme que no necesita tu odio. Solito cosechará la energía que sembró.

 

Y con más razón envía tu amor a esa persona importante cuyas palabras hablan más de su frustración que de ti. No te enfrasques en una discusión que puede empezar a escalar hasta salirse de control.

 

“Hace más daño lo que sale de tu boca, que lo que entra por ella”.  Antes de escupir un veneno que te dañará más a ti, piensa que las palabras tienen filo y será muy difícil sanar o revivir aquello que dañaste.

 

Recuerda siempre que en la vida hay tres cosas que nunca regresan: La flecha lanzada, la palabra pronunciada y la oportunidad perdida.

 

Mariesther Martínez Eroza