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Lo que nos llevamos cuando morimos

Kris Durden–La pregunta no me parece relevante –Dije recordando lo que había pensando aquella tarde soleada, embotado en el asiento trasero de un Uber mientras me trasladaba de una grabación a otra. Me había sumido en mis ideas pensando en todo lo que me habían dado las comunicaciones y lo poco que yo había hecho por ellas–.

–¿Dices que no nos llevamos cuando morimos?

–Lo importante no es lo que nos llevamos sino lo que dejamos, pero la clave está en una palabra, y esa es trascendencia. Me explico:

Imagina a un doctor con especialidad en cirugía y su vida de doctor, así que a partir de ahora nos centraremos en un estereotipo; con su carro de doctor, que no es un Tsuru, y su casa de doctor, que no es del Infonavit, con su esposa de doctor y a ratos su doble vida personal, por las demandas de tiempo del oficio. Centrémonos en que todas esas cosas no cualquiera las puede obtener. Tiene que ser una persona con un nivel adquisitivo tal que al ver un comercial de vehículos automotrices considere seriamente cambiar el suyo por el que está viendo en pantalla. Por una parte debe de ser realmente una vida de en sueño, pensando solamente en lo material, pero por otro lado también está sometido a niveles altos de estrés, que poco a poco lo consumen a nivel mental o emocional, así que a muchos les parecería justo. El problema es que yo no lo creo justo.

Esta disciplina llamada medicina, le ha dado más a él de lo que él le ha regresado, por lo menos en este caso hipotético donde una persona ha adquirido los conocimientos necesarios para salvar vidas en un quirófano y así poder enriquecerse… Por lo menos en lo que compete a lo material.

–¿Salvar vidas te parece que es poco?

–Salvar vidas es el resultado de la disciplina aplicada correctamente, pero salvar vidas realmente no hace nada por la disciplina, sólo corrobora que estaba en lo correcto. Comprueba lo que ya “sabía” la disciplina y nada más.

–¿Entonces te parece poco que ese hombre haya entregado su vida entera a la disciplina?

–No creo que sea poco, pero estás tergiversando las cosas, porque él no se entregó a la disciplina sin recibir nada a cambio, sino que la disciplina, en este caso la medicina, lo hizo un hombre muy rico y él no le regresó nada a cambio de ello, y ese es mi punto. Yo creo que ese hombre, si realmente es agradecido, deberá dedicar su vida entera a innovar por lo menos en un minúsculo detalle de la especialidad que eligió, y con esto hacer que la disciplina se nutra. Ya no pido que revolucione la medicina en el mundo o que cree una nueva rama de la medicina, sino que aporte aunque sea una nueva técnica, herramienta o tratamiento que haga más eficiente a su especialidad.

De igual forma, nosotros como comunicólogos, no podemos vivir como parásitos, y nuestra responsabilidad es aportar más a los medios de comunicación. Todo lo que llevo puesto lo compré con dinero que gané como comunicólogo. Llevo años viviendo de las comunicaciones y no he podido aportar nada, pero sabes… No me desespero, porque mucha gente debe de llegar al decalustro para poder aportar algo relevante a su medio. De igual forma, en algún punto, espero que mis escritos evolucionen hasta llegar al punto de aportar algo nuevo, por mínimo que sea.

Esa misma responsabilidad, no sólo aplica a los ejemplos antes mencionados, sino a cualquier profesión, trabajo u oficio.

Cualquier persona que haya intercambiado un trabajo o servicio para poder poner pan en su mesa, le debe a esa disciplina un aporte que la nutra y la haga más eficiente.

Ese es nuestro propósito; trascender… Biológicamente trascender a través de la reproducción, tener hijos. Pero creo que aun más importante debe de ser hacer trascender la información. El conocimiento. Y al mismo tiempo sumarle algo.

 

Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa.

Oscar Wilde

Kris Durden