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Qué hacer con los niños cuando muere una mascota

Adriana Carrillo La semana pasada murió mi mascota favorita. Hay una parte en la que me puse muy triste, pero por otro lado había una voz que me decía: “no seas ridícula, deja de llorar”. Y si bien como psicóloga entiendo que las mascotas en muchas familias llegan a ocupar un lugar muy importante, hay una parte de mí que siente que es exagerar ponerse triste por la muerte de mi hurón.

Me permití estar triste un día, pero al día siguiente me encontré a mí misma buscando en internet lugares de adopción de perros y acosando a mi marido para adoptar a alguno.

Contándole a mi amiga de todas las estrategias que ocupé para intentar convencer a mi marido (hacerle pucheros, pedírselo de favor, hacerle berrinche, chantajearlo, darle la ilusión de alternativa…) y bromeando de mi intensidad me di cuenta de algo: mi forma de escapar de mi tristeza por la muerte de mi mascota fue intentar llenar su espacio con otra mascota.

Y luego recordé a algunos pacientes que he tenido. Es muy típico que cuando hay niños en una familia y muere una mascota, se les compre una nueva o lo distraigan con dulces o actividades. Es como si hubiera algo que nos dice: no puedes estar triste por la muerte de una mascota. Ya sea que te pase como a mí y sientas que es una exageración, o al contrario, que te des permiso y te duela mucho, muchos buscamos como primera línea de defensa quitar ese dolor.

Y cuando a nuestros niños les compramos una mascota de repuesto o los distraemos les mandamos el mensaje de que no pueden estar tristes por eso. Y la realidad es que muchas veces somos los adultos los que no sabemos cómo reaccionar ante la muerte y creemos que si nosotros no lo entendemos y nos duele entonces un niño menos va a poder entenderlo… como si en entender estuviera la clave para poder vivir un duelo.

Así que la próxima vez que te encuentres en una situación de duelo y haya un niño, date permiso de vivir tu tristeza. Deja que el niño viva la suya y acomode la pérdida en su interior. Nota que las ganas de que no le duela son tuyas y crea un espacio donde esté bien estar triste, aunque sea porque se murió el hámster.

Adriana Carrillo