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Los viajes ilustran

Georgette RiveraHace años escuché decir a mi abuela la expresión ¡Los viajes ilustran! y, en ese momento, sinceramente no sabía bien a bien todo lo que esa frase conlleva. En una ocasión una amiga me visitó, y yo, como buena mexicana, quise enseñarle los grandes misterios, lugares y comida típica de mi país; sin embargo, después de 6 días no tuve éxito, todo lo que hice por introducirla de la manera más agradable y guiada a lo que llamo el pensamiento mágico e insondable de la cultura fue en vano; así que mi último intento fue que conociera las pirámides de Teotihuacán, por lo que para no errar, fui a un conocido hotel y contraté los servicios de una agencia de viajes para ir y, que de manera muy práctica y ordenada sin que yo tuviera que poner algo de mi cosecha, le explicaran lo que es ese maravilloso centro ceremonial.

Al día siguiente nos embarcamos en esa aventura y al llegar ahí, a mi amiga casi le da un infarto; desde que vio lo que tenía que caminar para acercarse a la Pirámide del Sol montó en cólera, y después, cuando subió a regañadientes la pirámide, pensé que le daría un síncope cardiaco. En fin, no conseguí que pudiera disfrutar un poco el lugar; al terminar el recorrido, el guía nos llevó a todo el grupo a comer, el restaurante al que fuimos estaba muy lleno así que todos compartimos una mesa, y nos tocó sentarnos junto a una familia española que en unos cuantos segundos nos hizo la plática.

Llegaron a preguntarnos sobre lo que queríamos comer y mi amiga, que estaba realmente descompuesta, no sabía que ordenar, entre el mole y los chapulines sentía que había pisado un pueblo de barbaros, así que se concretó a comer el pan y pedir una coca cola. Para mi gran fortuna, el padre de familia pidió mole, escamoles, chapulines, guacamole, tepache y remató con torrejas como postre; cuando trajeron todo su esposa y su hija hicieron una cara que no sabría bien a bien si era de asco o decepción, el señor en verdad se molestó, y frente a nosotras les dijo:

No puedo concebir que sean incapaces de disfrutar la comida, hay miles de personas que desearían poder viajar, ya no a otro país, sino a alguna ciudad cercana y, ustedes que tienen esa oportunidad, la están desaprovechando, no han hecho más que quejarse, sobre todo tú” (dirigiéndose a su señora) “le has dado a nuestra hija un pésimo ejemplo al no subir a las pirámides, antes de probar escalar 10 escalones te derrotaste, sólo te quejaste del sol y nunca te diste la satisfacción de poder ver desde lo más alto esa vista que a nuestros antepasados conquistó, ahora resulta que no quieres probar nada de la comida típica, es una tristeza, tienes ante ti la ocasión para hacerlo, pero la pobreza de tu espíritu te impide probar cosas nuevas, buscas encontrar aquí lo mismo que en tu casa, eso muestra que vives en una zona de confort; pero sobre todo, que el viaje no te ha enseñado nada; piensas que las cosas van a saber feo por su aspecto y no te permites ni siquiera investigar cuál es su sabor, es de una ignorancia tremenda asumir que algo no te va a gustar sin probarlo, entrar en un lugar sagrado y salir sin saber las dimensiones de las pirámides. La comida es cultura y, si no puedes ni siquiera hablar sobre a qué saben los platillos, es porque no tienes ganas de crecer. Los viajes no sólo son compras, es saber las formas, olores, tamaños, colores, es llevar dentro de ti una parte de lo que te está siendo permitido vivir, así que si tú no piensas comer, por favor deja que nuestra hija lo haga, ella tiene que vivir su propia experiencia, sería tristísimo que la desalientes sin siquiera haber hecho el intento de desear conocer más allá”.

En ese momento agradecí que alguien más dijo lo que yo hubiera querido decirle desde una semana atrás a mi visitante, pareciera como si hubiese estado planeado; finalmente, mi amiga se sintió tan mal que puedo pensar que lo tomara como algo personal, pero fue lo mejor que sucedió y ella lo logró entender. Nunca me dijo nada, pero al final, antes de irse se disculpó, y en realidad no creo que la dispensa haya sido para mí, sino para ella misma que no fue capaz de poder disfrutar un solo segundo su viaje. Fue entonces que entendí que ¡los viajes ilustran!, puedo viajar miles de kilómetros para conocer algo pero si se es incapaz de mezclarse con la idiosincrasia del lugar es como no haber ido nunca, así que si estás de vacaciones, al lugar que fueres haz lo que vieres.

Bendecida semana.

Georgette Rivera

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