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Manejo de estrés y reflexión sobre la salud

María Eugenia IbarzábalAunque Marina pudo controlar la crisis de estrés cuando iba manejando del trabajo a la casa a través de la técnica de atención a la respiración, se queda preocupada por haber sentido los mismos síntomas que la vez anterior: palpitaciones, sudoración de manos, y un miedo incontenible de que pase algo terrible sin motivo alguno motivo.

Se queda preocupada cuando llega a casa y por fin puede dormir a los niños. Durante la cena platica con Raúl de lo que le pasó, de lo mal que se sintió en el coche. Él es un hombre inteligente y con sentido común, opina que debe de ir a ver a un psicoterapeuta para que le ayude a entender lo que le está pasando, porque se pone en riesgo ella y a los niños; Marina se resiste pero después acepta, dice que va a preguntar a su prima Lupita que la contacte con quien está en tratamiento, porque la ve muy bien y ella dice ha cambiado mucho.

Al día siguiente, como todas las mañanas, todos corren para llegar a tiempo a la escuela y a los trabajos. En un momento libre le habla a Lupita y le pregunta por los datos de su psicoterapeuta, y Lupita le dice está muy contenta con su tratamiento con la Dra. porque le ha ayudado a ver la vida diferente, irse conociendo más y estar más tranquila. Siente que ha crecido como persona y ahora tiene más bienestar en su vida. Marina piensa «es justo lo que necesito» ¡yo no me siento tranquila!.
Le da los datos e inmediatamente habla y saca una cita y se la dan para dentro de dos días. Está contenta y con esperanza de sentirse mejor.

Llega a casa contenta de haber tomado el paso de pedir ayuda. Marina es una mujer fuerte que empezó a trabajar desde muy joven, ella se pagó sus estudios universitarios con su sueldo y además ayudaba a su familia; decía que si había podido con todos esos años difíciles como no iba a poder con su vida actual. Está más tranquila, con buenos empleos Raúl y ella, con los hijos sanos, buenos estudiantes, además van a natación, a clases de matemáticas y de música, los dos tocan el piano; además están comprando su casa y la camioneta, ¿cuál preocupación tiene? ¡ninguna! Su vida ahora es más fácil.

Marina ni siquiera se da cuenta del desgaste físico y emocional que vive por ese ritmo que es como un reguilete sin parar; se levanta a las 5:45 de la mañana, se duerme alrededor de las 12 haciendo las actividades pendientes, desayuna a las 6:30 am, trabaja 7 horas diarias, arreglo con la empresa que salir una hora antes sin tener horario para comer (y en la oficina está prohibido comer), así que toma como tres o cuatro tazas de café por la mañana cuando más con una o dos galletas a escondidas, saliendo va por los niños a la escuela, llega a casa, comen como a las 5 de la tarde, de lunes a viernes los niños tienen actividades que van después de la comida, al regresar les ayuda a hacer tarea, bañarse, cenar y a la cama alrededor de las 9 de la noche, Raúl llega más o menos a esa hora cenan, platican como les fue, limpia la cocina, pone la lavadora y se van a dormir, los fines de semana sirven para realizar las actividades domésticas de casa, “No hay tiempo de descanso”.

¿Qué creen?, ¡ya me cansé sólo de escribirlo! Se imaginan cómo será esa vida de agitada. Seguramente muchos que están leyendo tienen una vida igual o muy similar, y ya se acostumbraron a pensar que es el estilo de vida adecuado o correcto para vivir con bienestar y crecimiento.

Mi pregunta es ¿con ese estilo de vida cómo no vamos a vivir con estrés con la afectación para nuestro cuerpo y nuestra mente? Si no hacemos nada para manejar la tensión y se sigue acumulando se puede ir complicando ¡y ni siquiera darnos cuenta cuando pasamos a un trastorno de ansiedad o de depresión! CUIDADO.

Por cierto ¿cómo les ha ido con la técnica japonesa para controlar el estrés, o con las diferentes técnicas de respiración que he recomendado, las han practicado, les han servido?

Cada uno es responsable de su salud física y mental, es un deber y un ejemplo cuidarlas, hazte la pregunta ¿tú lo haces?

Nos vemos la próxima

Maru Ibarzábal

María Eugenia Ibarzábal