¡Comparte en tus redes!

Ni hambre, ni antojo… ¡Lo que tienes es sed!

deshidratadaSon las 12:00 del día. Falta un par de horas para que salgas a comer, pero te mueres por una bolsa de papas con salsa, unos tacos de canasta de la esquina, ¿o qué tal un paquete galletas de chocolate? Todo suena delicioso, ¿cierto?

Afortunada, o desafortunadamente, lo que sientes no es hambre o antojo, sino sed. Sí, tal cual lo lees. No necesitas una dosis extra de calorías, sino un simple y sencillo vaso de agua. Déjanos que te expliquemos.

Cuando tu cuerpo se deshidrata, se produce un desbalance en la temperatura y los fluidos de tu cuerpo, por lo que se produce una reacción química que activa las hormonas grelina y leptina, que te avisan que tienes sed y debes tomar agua.

El problema es que tu cuerpo utiliza las mismas hormonas para avisarte que necesita alimento. Así que, ¿cómo diferenciar un estímulo de otro? Sólo te queda aplicar el método científico: prueba y error.

La próxima vez que sientas “hambre”, bebe un vaso de agua. Espera 10 minutos y corrobora si aún necesitas alimento. Seguramente, te parecerá que esta solución no es tan suculenta como los tacos o los tamales, pero créenos que tu cuerpo lo agradecerá.

Ten presente que la sed es un mecanismo de defensa al que recurre tu cuerpo para avisarte que estás deshidratado, y que está en riesgo el funcionamiento de muchos de tus órganos vitales. De hecho, cuando bebes suficiente agua, tu organismo es capaz de quemar más grasa. ¿Quieres saber por qué?

El agua permite que tus órganos funcionen a su máxima capacidad y no requieren almacenar energía, así que quema toda la grasa disponible.

Además, al estar bien hidratada, aumenta el oxígeno en tu torrente sanguíneo y permite que tengas más energía para cumplir con todas tus tareas. ¿Aún prefieres las papas?

Como dato extra, queremos que sepas que mientras tu dieta sea rica en calorías vacías (papas, galletas, garnachas, golosinas, refrescos), mayor será la confusión de tu cuerpo para distinguir entre el hambre y la sed.