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'Nido vacío', Cómo enfrentar ese terrible momento

Martha Alicia ChávezEn la medida en que nuestros hijos crecen, paulatinamente se vuelven más independientes; sus alas se hacen más grandes y fuertes y su deseo de volar bulle en su interior con  más fuerza cada día. Pasan  cada vez más tiempo fuera de casa en actividades escolares o laborales, con sus amigos o pareja… pero regresan.  Tal vez se vayan a un viaje largo: seis meses, un año… pero regresan.

Un día llega, en que nuestro nido les queda chiquito; sus sueños los llaman muy fuerte y tienen que seguirlos. Y entonces, ahora sí se van, y con ellos se van sus pertenencias, sus cosas amadas que albergamos  en el hogar por tantos años… y queda el nido vacío.

Quienes hemos pasado por esto, sabemos que es una experiencia fuerte; que los extrañamos y a veces lloramos de nostalgia. Esto es normal. Pero también sabemos que esa es la ley de la vida y que está muy bien que se vayan. Deseamos que se realicen, que sean felices, que experimenten la vida, que vuelen por el mundo con alas fuertes y grandes.

Pero, ¿en verdad todos los padres lo deseamos? Por desgracia hay algunos que no quieren que sus hijos vuelen, porque tienen grandes vacíos en el corazón y una enorme carencia de sentido de vida que los lleva a retenerlos, porque si ellos se van, se quedan en la nada. Estos padres, en lugar de pulir las alas de sus hijos para que les crezcan fuertes, se las cortan y así los mantienen a su lado; para que les llenen sus vacíos, para que le den sentido a sus vidas huecas, para que les solucionen su aburrimiento existencial. Y el nido se vuelve cárcel.

¿Qué podemos hacer los padres para respetar el sagrado destino de nuestros hijos, que los impulsa a dejar el nido cuando llega el momento?  ¿Cómo podemos sobrellevar esa etapa y sacar de ella toda la riqueza que conlleva? He aquí algunas propuestas:

Desde que tus hijos son pequeños, mantén un espacio de tu vida para ti. Sin duda alguna ellos serán tu prioridad, pero también es importante que tengas alguna actividad e intereses personales en los que no intervenga la familia.  Puede ser un hobbie, un deporte, un curso, un grupo de amigos, una labor social, etc.

También es recomendable que la pareja tenga momentos y actividades en los que no estén presentes los hijos: ciertos viajes de fin de semana, ir al cine,  a cenar con amigos.  Las parejas que jamás conviven sin hijos, son las que cuando llega el momento del nido vacío tienen mayores probabilidades de que su relación explote y termine.

En pocas palabras, hay que crearnos una vida rica, interesante, fascinante, porque para nuestros hijos es maravilloso tener padres así, en lugar de unos dependientes e infelices, que necesitan que sus hijos les “hagan el día”  y le den sentido a sus aburridas e insatisfactorias vidas.

Nos guste o no, nuestros hijos no vinieron al mundo a llenar nuestros vacíos o a cumplir nuestras expectativas.  Ellos tienen su propio camino que caminar; su propia historia que escribir; sus propios sueños que realizar. Y nuestra función como padres, es apoyarlos para lograrlo.

Así mismo, hay que ver todo lo bueno que hay en esta etapa de la vida: la libertad, el tener mucho tiempo para nosotros  y para hacer lo que queramos.  Se acabó la etapa de tener que llevarlos y traerlos; de renunciar a muchas cosas porque así corresponde cuando son pequeños. Ahora que ya son independientes, disfrutemos del cambio y démosle a esta etapa un nuevo significado.  Como dice mi querida amiga y reconocida conductora de radio, Paty Kelly: “Yo no le llamo ´nido vacío´ sino ´nido en remodelación´.

Martha Alicia Chávez Martínez