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No alimentes los vacíos

Mariesther Martinez ErozaEn el transcurso de nuestras vidas todos hemos vivido pérdidas; algunas poco significativas, pero otras que nos han dejado grandes vacíos en el corazón y a veces en al alma. Está profundamente estudiado que las mayores causas de depresión son justamente eso… las pérdidas.

Perder el empleo, perder a la pareja y sobretodo vivir la muerte de un ser querido son las 3 grandes razones que nos llevan a perder el equilibrio físico, mental y emocional. ¿Te suena alguna de estas situaciones? En todos los casos es necesario buscar ayuda si nosotros vemos que no podemos salir solos y el dolor se alarga convirtiéndose en sufrimiento.

El nivel de fortaleza interior así como nuestra voluntad logran que podamos atravesar por estos retos y salir adelante, eso sí con muchas cicatrices pero también con mucha sabiduría si logramos aprender la lección.

Sin embargo el tema se vuelve muy complejo cuando no sólo no aprendemos la lección sino que nos metemos en un círculo de tristeza y ansiedad del cual nadie nos podrá sacar. Alimentar la tristeza hace que nos convirtamos en víctimas de la vida, echamos la culpa a todos de nuestra suerte, nos hundimos en un agujero negro que succiona todo lo bueno de nuestra vida y dejamos de apreciar lo que sí hay.

Cuando estamos en este estado solemos usar nuestra pijama matapasiones, meternos a la cama, cerrar las cortinas, conectarnos a la estación de radio que tiene las canciones más deprimentes, comer como locos o dejar de hacerlo y le podemos agregar más. Esto es alimentar el vacío. Todo esto te aleja de la vida. De hecho, la vida es todo aquello que está pasando mientras tu estas ahí lamiéndote las heridas.

La pérdida de un empleo o de algo material siempre se sustituye.

La herida de un corazón lastimado se puede remendar.

El dolor de un alma devastada puede llegar a sanar… todo con tiempo y voluntad.

Pero nada de eso sucede si nosotros no hacemos conciencia y tomamos acción. Nadie te puede ayudar si tu no se lo permites. El dolor existe, pasa, nadie se salva, pero el sufrimiento es una elección que hacemos cada día a cada momento. El dolor hay que vivirlo y enfrentarlo pero superarlo es nuestro compromiso con la vida.

Un viejo indio decía a su nieto: "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión.
–El nieto preguntó: "Abuelo, dime ¿cuál de los dos ganará la pelea en tu corazón?".
–EL abuelo contestó: "Aquel que yo alimente".

Mariesther Martínez Eroza