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Para aumentar tu productividad, sólo tienes que meditar

meditarOcurre todos los días. La carga de trabajo te sobrepasa. No sabes por dónde empezar y el estrés llega antes de que te des cuenta. Tu mente corre de un pensamiento a otro, tratando de resolver cada urgencia, sin llegar a darle solución a una sola.

Lo cierto es que para resolver estos problemas es indispensable que aprendas a controlar el estrés. Una tarea nada sencilla, ¿verdad? Pues según la ciencia, es más fácil de lo que crees.

De acuerdo con varios estudios, meditar te ayuda a controlar la ansiedad, la tristeza y el miedo; además de elevar tus niveles de concentración, energía y relajación.

Especialistas en liderazgo empresarial coinciden en que el cerebro necesita serenidad para funcionar. ¿O has logrado pensar en momentos de estrés? Esta tranquilidad puede alcanzarse a través de la meditación trascendental.

Al meditar se refuerza la comunicación entre el córtex prefrontal y las diferentes áreas del cerebro, estimulando el funcionamiento de todo el órgano. Gracias a ello podrás realizar mejores funciones ejecutivas, tomar decisiones más claras y ser más resuelta.

Además, meditar dos veces al día mejora tu salud cardiovascular y eleva tu creatividad, sin mencionar que aumenta tu productividad laboral.

Estas afirmaciones están respaldadas por más de 160 estudios clínicos, realizados en instituciones de todo el mundo, como las universidades de Harvard y Stanford.

De hecho, empresas como Bridgewater, General Mills y Google fomentan la práctica de la meditación entre sus empleados para mejorar su productividad.

Desde su implementación, estas compañías reportan una disminución en los niveles de estrés y de conflictos entre empleados, quienes también tienen una mejor disposición para trabajar.

Pero… ¿qué tienes que hacer para meditar en el trabajo?

Debes buscar un lugar en el que estés sola. Asegúrate de que no interrumpan por lo próximos 15 minutos.

Los pasos que debes seguir son:

  1. Siéntate derecha. Tu columna debe estar alineada.
  2. Cierra los ojos.
  3. Respira lenta y profundamente. Al inhalar debes inflar el abdomen, y al exhalar debes contraerlo.
  4. Imagina que estás frente a un tubo que llega de tu cabeza a tus pies.
  5. Cuando lo veas claramente, debes agregar a la imagen una luz blanca y brillante que sale por ambos extremos del cilindro.
  6. Concéntrate en esa luz mientras respiras.
  7. Cuando tu respiración sea acompasada sentirás como te inunda la calma.

¿Cómo te sientes ahora? ¿Lista para enfrentar esa montaña de pendientes?