Pasado, pisado: Presente ¡ahí te voy!

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Es bien chido cuando uno puede dejar atrás las malas y buenas experiencias que le ha dejado la vida, pues significa en gran medida crecer, tomando parte de lo que nos heredó el pasado, aunque sin engancharnos a éste o quedarnos acampando de por vida en sus terruños.

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En el terreno del amor

Vale bien darle play al “Poder decir adiós, es crecer”, del buen Cerati, pues sin equivocarse apuntó a soltar rencores para abrirse a nuevos caminos, sin soberbia y en santa pinshi paz.

Dar cierre a eventos del pasado es tomarse un descanso para pensar y escapar un poco de toda esa serie de situaciones que quedaron suspendidas en el tiempo, casi como un lujo y un beneficio de no estar disponible, cuya factura se le anexa a la tan temida soledad.

Un espacio para descubrir tus netas     

Esa soledad que pintan según tan ruda y fea en fechas como los catorces de febrero, navidad, fines de semana y una gran lista de pesares, la desperdician ¡gacho! ¿por qué?, quizá por apariencia, por miedo, por imposición ¡por lo que sea!, podrían reinvertirla en su banco creativo, con una disciplina que dé miedo y que ronde en lo súper disfrutable.

¿Ya te llevaste al cine? ¿Ya te regalaste el libro o cháchara que tanto querías? ¿ya te aventaste la gran lista de series que comenta medio mundo en cada pasillo de la ciudad? Si no, no importa, no pasa nada, el chiste es que aproveches ese espacio para descubrir qué es lo que realmente quieres para los siguientes pasos de tu vida.

Claridad para innovar y crecer

Al ritmo de esa escena: “Busca lo más vital, no más que lo has de precisar” y ¡baílele!; checa si realmente estás provechando los espacios que tienes para ti, o si los estás ocupando para enfocarte en el pasado, aterrizando como paracaidista eterno, estancándote en ideas que no te dejan ni pichar, ni cachar.

Para crecer se necesita claridad, y sin duda, el pasado nos provee de la experiencia para hacerlo, aunque cruzándonos de brazos o echándonos a llorar sólo lograríamos que nuestro pasado se convirtiera en un lastre y no en una catapulta para innovar y crecer.

Desanclándose del pasado

Habrá experiencias que quizá trabajes en olvidar y sin embargo, habrá muchas otras que te sirvan como símbolo de identidad, dándote ese matiz que te diferencie de los demás, y ése delicioso sentido de pertenencia que hasta hoy, configura quién eres.

¡A darle, que es mole de olla!

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