Los 7 pecados capitales del metro

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¡Sí! Como pecados capitales hoy clasificamos las 7 guarradas que llegamos a cometer en el metro, donde día a día la lucha por llegar a godinear ¡es un reto!

metro

Buenos, buenos días, queridos lectores; seguramente muchos de ustedes ya anden de Godínez en sus oficinas o, en el mejor de los casos en su hipsteresca start up acá echando café y plática, mientras arman un proyecto.

Para los que hayan llegado en metro ¡felicidades, lo lograron!, pero ¿cómo “$”%$% se comportaron en el transporte público? ¿qué tal andaba la banda hoy? ¿sobrevivieron a los hornos de Mancera? ¿qué horrores y situaciones de ciencia ficción les tocaron ver hoy? ¡ni nombre tienen?

Pues hoy acá les echamos los 7 pecados capitales que todo habitante del antes D.F. le ha tocado vivir o presenciar en los pasillos y entre los asientos del transporte más gusanozo y naranja: el metro.

La pereza

Dos tipos de escaleras existen en el metro: las eléctricas y las estáticas; por lo regular todo mundo pelea como gladeador romano por alcanzar las primeras, a fin de “ir rápido” o de ¡pecar!

Es ahí donde la pereza se apodera de sus carnosos cuerpos y, en los peores casos del lado izquierdo de las escaleras que, por si no lo sabían, es para avanzar, no para quedarse ahí en lo que los transporta hasta llegar arriba.

En caso de que cometan este pecado, por favor usen el lado derecho de las escaleras y disfruten de su apasionante lado derecho de las escaleras (sean estáticas o eléctricas).

La Gula

¿Qué es lo que quiere de la tienda? ¿Qué es lo que quiere que le traiga de la miscelánea? ¿A poco no queda de buen fondo musical pal metro?

El metro, además de medio de transporte, es un graaaan mercado subterráneo donde pastillas, paletones, chicles y salvavidas navegan a la deriva entre pasillos repletos de cacahuates, alegrías y hasta pomadas.

Si desayunaron y aún así los agarró la gula mañanera, por favor, eviten sumarle el pecado de tirar las envolturas de lo que se coman en el metro; si no hay botes de basura cercanos, pueden cargar una bolsita para echar su basura y ayudar a mantener un transporte público limpio.

Lujuria

Sabemos que el metro va hasta la monja y que a veces está bien cañón no rozar a nadie; a pesar de ello en este caso la lujuria no es un pecado aceptable en el metro; eso de andar manoseando gente (seas hombre o mujer), ¡no está nada cool!, además de que puedes ser sancionado y remitido con las autoridades correspondientes, por faltas a la moral. ¡Dalay!

Avaricia

Todo, pero todo mundo va cansado de regreso hacia su casa y muere por sentarse, por poseer un lugar a veces sin importar que esté reservado para personas que en realidad lo necesiten, como mujeres embarazadas o ancianos.

¡Bájenle a su avaricia!, y si ven a alguien que necesite de un lugar, cédanlo; la buena vibra los acompañará (junto con la fuerza).

Ira

La pamplonada y el slam que se arma en los vagones del metro, siempre se pone bien sabrosa, al grado en que enciende fuegos e iras a veces ¡incontenibles!

e del abismo y este pecado inunde a tu iracundo corazón, respira; piensa si en realidad vale la pena pelearte con un [email protected] de [email protected] y hasta llegar haciendo el oso a la chamba todo desmarandinado. En dado caso, para eso está la palanca de emergencia.

Si traes grandes paquetes o bultos, procura que no estorben en el paso o en la entrada, de manera que nadie sufra un accidente o de que les des un costalazo, el respeto rulea.

Envidia

Si la o el de a lado está bien guáper, trae buen zapato o simplemente te cayó [email protected] porque sí, ¡dé[email protected] en paz! ¿qué culpa tiene de ser tan pro o de que a ti hoy la vida te diga que le eches tu mala ondés? No hay mejor forma de viajar en el metro, que andar en tu onda, ceder el pasoy llevársela tranqui; unos buenos audífonos siempre de los siempres le darán un mejor color a tu viaje.

Orgullo

Si eres de [email protected] que se hacen [email protected] [email protected] en el metro y de repente alguien te llama la atención o les pide levantarse para dar el lugar a alguien mayor o quien sea que lo requiera, evita ponerte tus moños o ser [email protected] diciendo que llegaste primero; el orgullo en estos casos dennota mala educación y poca empatía hacia los demás.

Inclusive si lo anterior no te importara, el orgullo no ayuda a nadie a avanzar y pues arma días gachos, ¡dales la vuelta!

¿Ya puestos para abandonar el pecado?

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