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¿Qué muere cuando papá muere?

Mariesther Martínez Eroza

Mariesther Martínez Eroza

¿Qué muere cuando papá muere? ¿Tu fuerza, tu protector, tu amigo, tu enemigo, una imagen ausente? Es una pregunta que te hago y por supuesto habrá mil respuestas.

Mi papá murió hace dos semanas. Si esto hubiera pasado hace unos años yo no estaría en paz.

Tuve un papá ausente y yo siempre le eché la culpa de todos mis problemas. Le eché la culpa de mis soledades, de mis carencias, de no recibir cariño y de tener relaciones de pareja tóxicas. Aprendí a conocerlo a través de los ojos de mi madre quien con mucho esfuerzo saco adelante a cinco hijos; y siempre mi papá fue el villano de la historia.

Cuando llegas a la adultez no te queda otra más que responsabilizarte de tus sentimientos y tomar decisiones; y yo tome la gran decisión de reconciliarme con mi padre. Tenía la necesidad de reconciliarme con la imagen paterna, con la fuerza y con la autoridad y fue lo mejor que pude haber hecho.

Entendí que mi padre tenía limitaciones, que no era Superman, que no era perfecto. Que se casó con mi mama porque en esa época nadie se cuestionaba si uno se casaba por las razones correctas, solo se casaban porque sí. Y tampoco se cuestionaban si era bueno tener tantos hijos y ellos tuvieron 5. Y creo que nunca se pusieron de acuerdo en cómo educarnos, como lidiar con la mala economía, como manejar el desamor y los dos vivieron muy frustrados. Cada quien remando para el lado opuesto. Mi papá no era malo, solo era un hombre.

Y al reconciliarme con él pude abrazarlo y besarlo como nunca lo hice de chica. Recibí su apoyo de la forma como él podía hacerlo, sin expectativas. Y me sentí muy amada.

Mi papá murió hace dos semanas. Me siento en paz. Mi niña interior tuvo la oportunidad de sanar la imagen del hombre lo cual sanará una buena parte de la historia familiar. No pierdas la oportunidad de recuperar a tus padres si estas a tiempo; y si no, piensa que ellos son parte de esos contratos que hicimos y de esas materias que tenemos que pasar en esta escuela llamada Vida. No hay injusticias ni equivocaciones, solo lecciones de vida y lecciones de amor y perdón.

¡Descansa papito! Te amo.

Mariesther Martínez Eroza