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Por qué resistimos la realidad

Edgar SpringallUna de las principales causas del sufrimiento humano, es pensar que nuestra supervivencia depende de que tan buenos somos compitiendo con respecto a los demás. Esto es un fenómeno aprendido, debido a que la economía moderna, está basada en competencia.

Este acondicionamiento nos fuerza a pensar que necesitamos lograr o hacer algo, para sentirnos de valor. Siempre que competimos basamos nuestra autoestima afuera de nosotros y no en lo que somos. Nuestra mente opera en comparaciones. Si estas sufriendo, probablemente tu mente te engañó a través de una comparación, pensando que tu situación debe de ser otra para lograr ser feliz.

La mente busca que nuestra vida sea socialmente aceptable de acuerdo a las reglas y valores de nuestra familia y cuando no es así sufrimos o sentimos dolor, como alerta de que tenemos que cambiar para ser aceptados. Normalmente, esto lo sentimos como pérdida o fracaso, en realidad lo que hace la mente, es engañarnos a no aceptar nuestra situación a través de una comparación. No existe el sufrimiento sin la comparación, ya que venimos a experimentar esta realidad humana a través de sus polaridades. La polaridad que daña la autoestima, es a través de experimentar triunfo y fracaso.

El problema que tenemos es que cuando somos niños, es común en muchas familias que nos comparen contra algún hermano, primo o terceras personas, lo cual hace que no nos sintamos de valor. Al no sentirnos aceptados pensamos que tenemos que cambiar para que nos quieran, por lo que empezamos a creer que algún logro va a hacer que nos acepten.

Siempre que la felicidad, paz o autoestima, tenga que ver con un deseo externo, va a surgir otro deseo más que te falta para seguir siendo feliz. Al buscar sentirnos de valor a través de condiciones externas para la mente, nunca va a haber suficientes logros o triunfos para sentirnos lo suficiente.

Este fenómeno es tan fuerte, que en un estudio se determinó que las parejas exitosas que no acaban en el divorcio, es donde hay un interés mutuo en los logros de su compañero, por lo que no compiten entre ellos.

Es nuestro derecho divino llevar vidas llenas de significación y sentirnos que somos de valor en lo que hacemos. No hay locura más grande que el querer ser alguien más, tú eres tú y eres valioso al ser diferente que los demás aunque socialmente no seas avalado.

¿Cómo trascender la comparación?

Siempre que busques el sentirte valorado a través de condiciones externas, considera:

  • Nadie puede ver cómo eres realmente, ni es posible que te conozcan de verdad, solo tú te puedes conocer a ti mismo. Esto se debe a que la mayor parte de la gente, ocupa su tiempo en buscar reconocimiento al igual que tú, y normalmente ve el reconocer a alguien como pérdida.
  • Sentirse valorado es una sensación que siente uno mismo. Nadie puede cambiar como te sientes respecto a ti mismo, solo tú puedes controlar tus sentimientos.
  • El sentirse de valor es un concepto intrínseco, solo tú puedes decidir si eres de valor. Solo las personas que se valoran a sí mismas pueden valorar a las demás.
  • Todos somos de valor, no necesitamos demostrarlo para sentirlo ya que es una potencialidad.
  • Todos somos exitosos y talentosos en potencia, lo único que tenemos que hacer es esperar las oportunidades.

La semana pasada hablando con una persona me comentó:”Es que sé que soy exitoso, pero estoy en una situación donde no puedo hacer negocios…. y perdí mi empresa”. Yo le contesté: “si sabes que eres exitoso, no necesitas tus negocios para demostrarlo, ya llegarán las oportunidades, tienes que estar agradecido de las cosas en donde tienes la potencialidad de ser exitoso. El tema es que nuestro ruido mental no nos deja ver que en todo lo malo hay una OPORTUNIDAD”

En nuestros talentos radica nuestra potencialidad y nuestra autoestima. Todos somos valiosos porque somos parte de una Divinidad. El que tiene que reconocerse y valorarse eres tú mismo.

No te compares con los demás por los logros que has tenido, sino que piensa en el potencial y lo especial que eres.

Edgar Springall