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Amilcar ValdésTu mamá por fin te da el vestido que tanto pediste y, ¿dejas de disfrutarlo porque tuviste que rogar por él? Cuando por fin recibiste esa cena de aniversario, ¿le quitaste toda la importancia por haberla pedido durante 5 años? Por fin, tus amigos te hicieron esa fiesta sorpresa, ¿y te la pasaste amargado porque tuviste que pedirla para recibirla? Sí has contestado que sí a alguna de estas, esta columna sobre aprender a pedir es para ti.

Todas las personas que conozco alguna vez hemos caído en ese berrinche, donde queremos que el otro nos lea la mente y haga todo perfecto para nosotros, y obvio, cuando esto no es así (lo cual es casi siempre, ya que los adivinos no existen) nos frustramos, enojamos y la pasamos bastante mal.

Lo peor, es que ese berrinche no se detiene ahí «¿Por qué se lo tendría que pedir? Si realmente me amara, sabría todo de mi y una vez más», nuestro pequeño niño descuidado sale a relucir y pensar que si la relación no es cómo él quiere, simplemente no es amor.

Cuando tienes el valor de -por fin- pedir lo que quieres y el otro tiene el corazón, lleno de amor y los oídos abiertos y te da lo que tanto anhelas, tu le quitas toda la importancia pensando… «Si se lo tuve que pedir, no cuenta» y así, nos ponemos en situaciones donde -pase lo que pase- salimos perdiendo.

Y como todo en la vida depende del color del cristal con que se mire, si quieres pensar que pierde importancia porque tuviste que pedirlo, te perderás de muchos detalles e historias que -en realidad- quieres vivir. Si decides que eres un adulto y tú eres el responsable de recibir lo que quieres y puedes ver que los demás te lo dan porque te aman, y que –aún cuando no te lo dan- quizá es por que tu mensaje no llegó; créeme, vas a vivir más tranquilo, pleno y lleno de las cosas que nutren tu corazón.

Yo tengo una pequeña maestra que me recuerda esto todos los días; a ella no le importa si me voy todo el día, cuando regreso me recuerda cuánto disfruta mis caricias y me lo recuerda hasta que las recibe. Si tiene hambre, me pide comida hasta que se la doy y si sólo quiere acostarse a mi lado mientras escribo, lo hace y lo disfruta. A veces, las mejores lecciones vienen de los más pequeños y yo tengo 2.7 kilos de Gatita que me recuerda que disfrute la vida.

Me gustaría invitarte a que aprendas de ella. Si quieres que tu pareja te dé un beso apasionado antes de irse ¿Qué esperas para robárselo? Y si sale mal, sigue buscando formas, hasta que puedas recibirlo. Demuéstrale a tus papas cuánto te importa ese viaje, reúne el dinero, saca buenas calificaciones y limpia tu cuarto hasta que les quede claro y te den permiso, y si no lo hacen, sigue buscando formas hasta recibirlo. Facundo Cabral dice “Dios te puso un ser humano a cargo, tu mismo” ámate y sé responsable de llevarte a donde puedas recibir lo que quieras.

Esta semana, te invito a que sigamos el ejemplo de Gatita y nos propongamos arriesgárnos en una cosa. Escoge algo que te gustaría vivir y hazte responsable de pedirlo –de todas las formas que se te ocurran- hasta que ocurra. ¿Te late? ¡Hagamos juntos el experimento y me cuentas qué tal te va!

Amilcar Valdés

Amilcar Valdes Farrugia