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Sentirse poco valioso, cómo influye en nuestra vida sexual

Alessia Di BariEste año que volví al mundo de las citas ha sido –por decir lo menos- interesante. Después de un divorcio, muchas lágrimas y reajustarme emocionalmente, decidí volver a salir al ruedo ¡Claro, recargada!

Ya no tengo 15 años, aunque me sigo sintiendo –y a veces- comportando como si tuviera esa edad. Ups. Pero sí tengo ciertas ventajas competitivas, me siento atractiva, tengo un trabajo que me encanta y me permite ciertas libertades, ya me he tropezado más de una vez con la misma piedra y ahora tengo maneras más elegantes –de menos- para levantarme y salir con más gracia del atoradero, soy mucho más segura de mí misma y empiezo a creer que merezco una buena pareja. Ténganme paciencia, es un buen principio, créanme… para ser yo, es un GRAN paso.

Ok, hasta aquí, todo bien… PERO y siempre hay un pero, volver a estar en esto de la oferta y la demanda tiene su grado de complicación. Les mentiría si les dijera que no me he divertido como enana, pero también es cierto que me ha dolido y le he llorado. Porque, aceptémoslo, volvernos a enfrentar a nuestros demonios en pareja, no es cosa fácil y muchos de nosotros –cuando nos casamos- pensamos, sentimos y/o creímos que ya la habíamos librado.

¿Has pasado por algo así? No importa cuánto sepas; muchas veces las sensaciones no van de la mano de nuestras creencias y/o pensamientos. Es decir, yo creo e incluso puede que sepa que “valgo la pena”, pero al momento de estar con alguien me siento insegura, torpe y lenta… ah, y poco valiosa. Claro, esto no es siempre ni con todas las personas, pero cuando sucede se siente horrible y dan ganas de salir corriendo de la sensación –esto, claro, si es que lo tenemos presente-. Sino, simplemente, nos comportamos diferente, estamos medio tiesos y/o lucidos, como intentando “vendernos” para que la otra persona nos compre y no nos sintamos así.

El problema no es sentirnos “devaluados” y/o “poco valiosos” ó cualquier sensación jodida que sientas y que no te guste sentir acerca de ti mismo. El problema está en que corremos de ahí o en su defecto, nos la queremos quitar; haciendo cosas para que se vaya o peleándonos con ella todo el tiempo. Si te sirve de consuelo, todos nos sentimos así, por momentos y en distintas áreas de nuestra vida… qué hacemos con la sensación y qué tanto le damos de comer, es lo que hace una diferencia.

¿Esto que tiene que ver con nuestra vida sexual? ¡TODO! Por ejemplo, me siento poco valiosa y entonces alguien me voltea a ver o me dice “buenos días” y yo ya me lo quiero llevar a mi casa y casarme con él/ella. No nos damos permiso de ver:

  1. Si realmente me gusta esa persona o es para lo que me alcanza. Sé que suena feo, pero es real… muchos de nosotros –sin darnos cuenta- estamos con alguien porque sentimos que es lo “mejorcito” que podemos tener.
  2. Todo el tiempo estamos haciendo cosas para la otra persona. Es decir, como no entiendo qué hace conmigo, me la paso “compensando” de todas las formas que puedo el que esté a mi lado.
  3. No pedimos lo que queremos. Tal vez quiero experimentar una relación abierta o simplemente una posición diferente, pero no me atrevo porque siento que si realmente pido lo que necesito y/o digo lo que de verdad siento, mi pareja me va a dejar, me va a juzgar, se va a ir de mi lado.

Todos nos podemos llegar a sentir así, no te azotes de más. Mi recomendación es que te des permiso de vivirlo, no lo alimentes, sólo escucha tus sensaciones –por feítas que se sientan- y date chance de vivir el dolor que está ahí. Créeme, esto te va a ayudar a poder diferenciar entre tu sensación y la realidad… lo que nos lleva a tomar mejores decisiones y sobretodo elecciones reales y tangibles desde un mejor lugar para ti.

Se vale sentirnos rotos, pero también se vale hacernos cargo y elegir “como si ya valiéramos la pena”.

Alessia Di Bari.

Alessia Di Bari