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Sumando y restando momentos a... ¿una vida corta?

Javier Garrido–¡La vida es muy corta! –Dijeron en la reunión que teníamos–. La vida es muy corta como para llorarla toda, como para andarse enojando, como para andar de rencoroso.

–¿O no?  –Dijo mi amigo volteando a hacia a mi sonriendo–.

Yo también sonreí y le dije.

–La vida no es tan corta; la vida es infinita. Los cortos somos nosotros, pero sin duda apoyo tu idea de no invertirnos y sumergirnos en esas pequeñeces. Tengo la seguridad de que funcionamos al momento.
Ser feliz o infeliz es una elección; Ser no lo es. Eso es algo más profundo, pero muchas veces nuestra infelicidad proviene de no aceptarnos, de no caber o no llenar la imagen de lo que las demás personas creen de nosotros.
Es una completa estupidez poner estas cosas tan importantes en las manos de los demás.
Un árbol de duraznos no elige que frutos dará, pero de acuerdo a las condiciones  del ambiente, un árbol da o no sus frutos. Aunque a veces su vida vaya en ello.
La naturaleza de esto radica en la aceptación, por eso el árbol de duraznos no se queja. No sé queja porque él quería ser un árbol de manzanas y no vive triste de su naturaleza; con nosotros los hombres no aplica de la misma manera y la gran responsabilidad de esto es debido a la cultura en que nos desarrollamos. Nos enseñan de forma inconsciente; desde muy pequeños que debemos ser alguien en la vida. ¡Ya somos nosotros en la vida!
Sé que con ello se refieren más a los objetos que a los sujetos pero la balanza se encuentra equivocada. Ahorita –Le dije mientras lo miraba a los ojos–. Tenemos este tiempo de estar sentados nosotros cuatro –Asenté mientras señalaba a mis otros dos interlocutores–. Platicar mientras bebemos de nuestros vasos y analizamos este aspecto de si la vida en verdad es corta, y aunque sin duda es algo completamente subjetivo y con infinitos ángulos de estudio, podemos saber que la vida se está yendo; o nos estamos yendo nosotros de ella. Lo único que encuentro en contrarresta del hecho de que la vida se va, son dos cosas: La gratitud y el goce
Agradecer todo en todo momento es el ejercicio más sano que he podido practicar y me lleva a vibrar de una manera muy diferente aun en los momentos más complejos o que presumo sean difíciles para mí.
Estoy seguro que todos aquí tenemos algo que pudiese preocuparnos y si nos enfocamos demasiado en ello podría no ser en verdad tan importante, sin embargo estamos aquí; gozando del verbo, disfrutando del instante. Contado la historia de la manera en que lo decidamos porque eso es lo que al final hacemos los vencedores: contar las historias desde nuestra perspectiva.
Las críticas estarán cuando hagas y también cuando dejes de hacer, la muerte es un proceso que está a la vuelta de la esquina o antes de ella.
Así que podría resumir que ¡no!
La vida no es corta pero si es maravillosa.
La vida es un cumulo de supuestos que nuestra mente resguarda en neuronas que terminaran desapareciendo; es un poco de sumar y restar momentos; pero mucho de aceptar; de  aceptarnos y avanzar.
Aceptarnos mortales, pecadores, perfectos, únicos, universales, valiosos, y también todo lo contrario sin que nada de ello sea afectante, ni nos reste valor como seres humanos.
Aceptar que estamos aquí y nuestro poder es increíble. Solo es cuestión de reconocerlo y disfrutar del camino tanto o más que de la meta a lograr, escuchar tu corazón, equilibrarlo con tu cerebro y respirar.
Vivir más del goce de vivir que del sufrimiento por estar; sin duda esto sólo puede establecerse como una simple perspectiva, pero el proceso de vida mucho tiene que ver con la actitud que pongas sobre las experiencias, lo demás como la palabra lo explica está de más…

Mi amigo soltó una carcajada mientras sostenía su vaso y le siguieron los otros dos de manera tan apabullante que no pude ni quise contener las mías. Reímos y reímos intentando calmar, pero al mirar al otro reír no podíamos parar. Ocurrió allí el mejor ataque de risa.

Nadie preguntó porque empezamos a reír, pero en mis adentros creo que no sólo sus mentes, y sí todo su ser, dieron aceptación a ese pequeño discurso que me salió del corazón; mientras poníamos las manos en la panza y salían lágrimas de nuestros ojos e intentábamos recuperar la respiración.

Francisco Javier Garrido Ruíz