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Cómo superar una infidelidad

Una infidelidad puede ser una bala directo al corazón o un rasguño, pero en cualquiera de los casos, es una herida que duele y debe ser atendida, pues la lucha entre la pasión y la razón puede destrozar todo a su alrededor.

Hablar de infidelidad es muy complejo, pues no podemos reducir un evento con tantos matices a una relación entre una víctima y un villano. No todas las infidelidades son iguales, algunas parten de necesidades personales no satisfechas y en ocasiones son impulsos que permiten liberar ansiedad en etapas de transición o adaptación crítica; en otras, son síntomas claros de una relación en crisis.

Sin importar ante qué tipo de infidelidad nos encontremos ¿cómo puedes manejar lo negativo de su impacto y salir bien librado del dolor que causa? Los siguientes puntos pueden ser la guía que te ayude a enfrentar esta etapa, entendiendo primero que no a todos les afecta de la misma manera la infidelidad:

  1. Sal del shock inicial
. El descubrimiento de una infidelidad produce un efecto traumático que es preciso trabajar.
 De nada sirve actuar con violencia ni tomar decisiones precipitadas. La madurez emocional es fundamental para saber enfrentar situaciones impactantes.
  2. Restaura, paso a paso, la confianza.
 Aunque la situación es incómoda, desconcertante y dolorosa, la relación puede rescatarse.
 Llegado el momento, establece una comunicación abierta; no dejes que pase mucho tiempo. Si te atreves a preguntar lo que no debes, te arriesgas a escuchar lo que no quieres. No sirve hablar del amante ni buscarlo, ni mencionarlo a cada rato, ni comparar, pues esto genera más humillación y hostilidad e impide la recuperación.
  3. Experimenta el dolor.
 Confía en la recuperación y permítete sentir enojo, culpa, tristeza, miedo… todo. La infidelidad puede ser un parteaguas para mejorar la relación de pareja o, con mucha seguridad, una forma de conocerte mejor a ti mismo y crecer como individuo.
  4. Revisa tu relación.
 Evita etiquetarte en el papel de víctima o de villano; reflexiona en la parte que te toca, pues casi siempre es asunto de dos.
  5. Decídete por una buena relación o por una buena terminación.
 Si eliges continuar pero no puedes dejar de mencionar lo sucedido, es mejor poner distancia. Si optas por terminar la relación, el enojo y el rencor te facilitarán el alejamiento, pero no es la mejor manera de cerrar. Un final sin rencores y odios es una buena opción para volver a empezar en paz y, en caso de tener hijos, siempre será mejor para ellos.
  6. Trabaja en tu madurez personal.
 A mayor seguridad personal, menor impacto de la infidelidad, tan sencillo como eso. Recuerda que la infidelidad o la falta de lealtad no pueden resumirse en un simple “¿qué hice mal yo?”.

Recuerda que cuando las cosas van más allá de lo que puedes manejar, es pertinente buscar ayuda profesional. Una infidelidad puede ser un momento de dolor profundo y cambios rotundos en la vida, pero enfrentarlo maduramente, con responsabilidad y calma puede ser la fórmula para que el dolor sea más transitable y, sobre todo, nos deje aprendizajes valiosos que vayan más allá de “no volver a tropezar con la misma piedra”.

Tere Díaz