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Mariesther Martínez Eroza

TE AMO... PERO ME AMO MÁS A MÍ

¿Que estas dispuest@ a dar cuando amas?

Cuando nos enamoramos, aparte de entregarnos a la otra persona empezamos a hacer cambios en nuestras rutinas, sacrificamos tiempos personales, uno que otro amigo, a veces hasta nuestra propia familia y todo porque ahora hay alguien que llena un espacio más grande en nuestra vida, nuestro corazón y nuestra mente.

Sin darnos cuenta, esta ensoñación del amor nos sumerge en una relación y nos bloquea los sentidos; es decir, no somos conscientes de todo lo que dejamos por esa persona. Probablemente te haya sucedido que después de una relación larga o intensa, cuando eso termina te das cuenta que estás solo porque durante ese tiempo descuidaste tu entorno.

El amor cuando es real, es un círculo energético de nutrición mutua. Aquello que das, regresa a tí y viceversa, convirtiéndose esto en un círculo virtuoso que nos permite evolucionar, aprender y realizarnos; y es normal que sobre todo al principio hagamos cambios de nuestra rutina personal para fortalecer esa relación.

Pero el problema empieza cuando ese amor no tiene retorno, cuando aquello que inviertes, no regresa a ti. Existen ocasiones en las que nos abrimos, nos entregamos y en el mejor de los casos, recibimos “el tiempo que les quede libre... si les es posible”, es decir, una limosnita de amor. Y digo que en el mejor de los casos porque en otros, lo que recibimos es ingratitud, deslealtad y hasta violencia. Y lo peor es que en la ceguera seguimos pensando que eso es Amor. Si éste es el caso debemos estar alertas para detectarlo porque nuestro amor propio está en riesgo.

Y el otro problema es algo que sucede poco a poco casi sin darnos cuenta; y es que “en nombre del amor” empezamos a sacrificarnos, modificando nuestra personalidad, cambiando para darle gusto a la pareja, y en muchas ocasiones cambiando nuestros propios valores. Y lo mismo sucede con nuestro entorno: nos alejamos de la familia, de los amigos, de los proyectos personales, y nos convertimos en el objeto de control de esa persona a la que le damos todo el poder.

Aunque también tenemos que ser bien honestos, no vaya siendo que seamos nosotros los controladores y estemos actuando de esta forma con nuestra pareja. Ninguna de las dos situaciones son justas para nadie. ¿Quién estará más preso, el que está dentro de la jaula o el que se dedica a cuidar la puerta para no se escape?

Pregúntate hoy mismo lo siguiente: ¿Que tanto me quiero? ¿Estoy sacrificando mi autoestima, mi dignidad y amor propio por una relación que no funciona, que me lastima y me aleja de mí mismo? Cuando me veo en el espejo, ¿observo a una persona feliz y realizada? o a alguien triste, lastimado y amargado.

Sólo tenemos ésta vida y el Amor es básico para nuestra integridad. ¡Seamos Felices! Nadie da lo que no tiene y si no me Amo… entonces, ¿qué puedo dar?

 

 

Mariesther Martínez Eroza