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Una breve historia de avaricia

Kris DurdenNos formamos con caras largas y el estómago vacío por no haber podido desayunar. El reloj marcaba las 2:23pm y el lugar ya estaba a un 70% de su máxima capacidad. En menos de 30 minutos el lugar estaría completamente lleno. Mientras nos abofeteaba el delicioso aroma a carne de hamburguesa y yo pensaba en cuál me iba a pedir, mi amiga me dijo en tono caprichoso:

–Amigo, hay que apartar un lugar.

Miré en rededor y vi que realmente había bastantes mesas disponibles para dos personas y al mirar a los escasos sillones que están hechos para cuatro personas comprendí lo que pretendía.

–Pero si hay bastantes mesas.

–Pero yo quiero sillón.

Algo en mis entrañas burbujeó, pero no era el hambre, sino coraje.

–Pero sólo somos dos personas, nos corresponde usar una mesa para dos.

–¡¿Pero y ellas?! –Dijo señalando a un sofá para cuatro personas con dos mujeres muy atractivas y al parecer de una familia acomodada– Yo quiero estar cómoda.

–Trataré de ser breve –Dije con creciente rencor–, porque sabes que soy rollero, pero lo intentaré… Ese es el problema de mi país. Amo México, pero detesto a su gente. Siempre están poniendo por encima de los demás su comodidad. No te hablo de sus necesidades, sino de lo que para ellos es lo más cómodo.

Soy ciclista y detesto cuando otro ciclista se detiene sobre el paso peatonal. Realmente me pone mal, porque más adelante un automovilista se detiene sobre la ciclovía y el descarado se detiene a decirle a golpes en el cofre «que respete». Y un semáforo más adelante, el imbécil se vuelve a parar sobre el paso peatonal y además estorbando la rampa para personas discapacitadas.

–O los que van en sentido contrario –Agregó ella–.

–¡Exacto! No sólo exponen su integridad y la de su vehículo, sino también la de las personas que viajan en el automóvil. No sabes si vienen a bordo niños o adultos mayores y en un frenón se pueden lesionar el cuello o la espalda.

–Ay amigo… –Dijo meditando.

–No me voy más lejos. Mira afuera y en los próximos 30 segundos cuenta cuántos carros y camionetas, hechos para 4 o más pasajeros, pasan con sólo una persona a bordo. Somos unos seres asquerosamente egoístas. Ocupando espacio que no necesitamos sólo para poder estar, como tú dijiste hace un momento, más cómodos.

Vehículos hechos para cuatro conducidos por uno.

Lo que está pasando aquí –Dije señalando más de ocho lugares para cuatro personas ocupados por dos, y en más de un caso, una persona–, es sólo un ejemplo de lo que nos pasa como nación, mexicanos y como humanidad. Simplemente no podemos sacarnos la cabeza del trasero para ver que también hay más personas que sí necesitan ese espacio. Y así como pasa esto con el espacio también pasa con el dinero y el poder. Queremos vivir sobrados sin importar que alguien más realmente necesita eso que retenemos por comodidad.

Los cinco enemigos de la paz que viven entre nosotros son: miedo, avaricia, envidia, odio y orgullo. Elimínelos y tendrá paz permanente.

Francesco Petrarca

Kris Durden