¿Cómo debilitamos nuestra autoridad?

¿Cómo debilitamos nuestra autoridad?

La palabra autoridad puede ser vista como algo que implica miedo, alguien impositivo y que no escucha y es ahí donde este concepto ha sido erróneamente entendido, la autoridad no tiene ni que ser alguien que sea mal encarado, que utilice elevar la voz para ser escuchado o sea tan intransigente que sólo le interese lo que el tiene que decir, NO, la palabra autoridad implica tener la facultad de tener mando, la forma en la que se ejerza ese mando es la diferencia. Cabe mencionar que solo por el hecho de ser padres ERES autoridad, aquí la cuestión es si TIENES autoridad y de que forma la EJERCES.

¿Cómo debilitamos nuestra autoridad?

En la mayoría de los casos nosotros mismos, como padres, debilitamos nuestra autoridad con pequeños errores, los cuales nos suelen pasar desapercibidos.
Abordaremos los más habituales:

Gritar y perder todo el control. Sin duda alguna, en ocasiones es muy difícil mantener el control. Se dice que una persona grita cuando siente que las palabras han perdido su fuerza (no saber qué decir), y suponemos que debemos subir nuestro tono de voz para pretender ser escuchados, pero cabe mencionar que tanto los niños como los adolescentes se acostumbran a los gritos y, cuando saben que mamá o papá continuamente gritan, ya ni si quiera lo perciben y lo dejan pasar. Incluso lo que llega a pasar es que, cuando descubrimos que nuestros gritos no sirven de nada, puede llegarse a perder el control y comenzar a humillar o insultar y, tal vez, hasta maltratar físicamente, porque la frustración ha
tomado el control.

Enviar mensajes equivocados constantemente. Solemos inscribir a nuestros hijos en sistemas educativos que los enseñen a investigar, a tener curiosidad, preguntar, a tratar de ser asertivos, luchar por lo que desean pero, al mismo tiempo, no estamos preparados para manejar dicha situación, lo cual es un error muy común en la actualidad. Es decir, queremos que aprendan a ser analíticos y
reflexivos, pero no que lo apliquen con nosotros, como padres.

No saber decir NO. Es necesario aprender a decir “NO” sin miedos, y sin creer que estamos frustrando o traumando a nuestros hijos. Lo que tenemos que tener claro es por qué decimos que NO y, una vez que se ha dicho “no”, hay que evitar ceder porque, de lo contrario, será un obvio mensaje para el niño, quien comprenderá que, presionando un poco, podría lograr lo que desea. Asimismo, tengo que aclarar que se vale ser flexibles.

No buscar el equilibrio. Sin duda, el equilibrio en la vida es lo más difícil de lograr, pues no queremos ser autoritarios pero tampoco permisivos; buscamos ser una autoridad positiva para nuestros hijos, pero que no confundan que el hecho de que los escuches y dialogues con ellos significa que, sin más, conseguirán lo que desean. Queremos que nuestros hijos se comuniquen con nosotros, que
entiendan que podemos dialogar y llegar a puntos de encuentro.

Incoherencia. Este es un aspecto que se presenta mucho actualmente. Como padres debemos tener claro que somos equipo al educar a los hijos (no importa la situación que tengas con el padre o la madre de tus hijos), tus problemas de pareja son de pareja, pero tus hijos tienen que ver congruencia y coherencia entre ustedes.

No ser claros en nuestros objetivos. Cuando los seres humanos tenemos claro lo que buscamos o queremos, es mucho más sencillo cumplirlo. Trata de establecer reglas, objetivos y límites claros para que sea mucho más sencillo cumplirlos y verifica que el mensaje que enviaste se reciba como quieres que este se reciba.

Evitar dar tiempo de aprendizaje y no valorar los esfuerzos demostrados. Muchas veces queremos que nuestros hijos hagan todo rápido y bien, porque “ya se lo enseñamos”, pero cada niño tiene su tiempo y su proceso, y el no respetarlo puede llegar a frustrarlo o hacerle abandonar ciertas tareas. Dale tiempo y reconoce los pequeños avances que vaya teniendo, pues esto los motiva para seguir.

No reconocer nuestros errores. Es importante reconocer los errores que hayamos cometido, pues creo que este punto, más allá de hacernos ver débiles, nos hace fuertes frente a nuestros hijos; que ellos aprendan que nosotros nos equivocamos, que podemos reconocerlo y que, además, podemos corregirlo o pedir disculpas.

No confiar en nuestros hijos. Es necesario que conforme nuestros hijos vayan creciendo, reciban apoyo y confianza.

Sermones de sobra. Evita los sermones extremos. Si bien te he dicho que tenemos que hablar mucho con nuestros hijos, quiero recalcar que hablar no es lo mismo que “sermonear”.

La autoridad positiva no es aquella que se tiene por que mientras estamos presentes se respeta la autoridad, o la que se ejerce a través del miedo, la autoridad positiva requiere de mucho tiempo, mucho respeto y mucho compromiso, no es mala es NECESARIA y si los hijos lo comprenden desde muy pequeños no solo se verán beneficiados si no también estarán agradecidos.

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