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Cómo saber si mi hijo tiene asma

Por supuesto, diagnosticar un padecimiento como éste no es cosa de una nota, sino que se ocupa recurrir a expertos en el tema, pero aquí podrás ver algunas señales de alerta y responder a tu pregunta de 'cómo saber si mi hijo tiene asma'.

Qué es el asma

El asma es una enfermedad inflamatoria de las vías respiratorias que afecta a 235 millones de personas en el planeta, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dado que no existe cura para este padecimiento, es necesario detectarlo oportunamente para proporcionar el tratamiento que permita controlarlo.

Cómo saber si mi hijo tiene asma

Los primeros síntomas de asma pueden presentarse mientras tu hijo aún es un bebé, por lo que es importante que pongas atención a su forma de respirar.

Síntomas del asma

Si cuando tu niño inhala y exhala se escucha un silbido, o notas que su respiración es corta y dificultosa, no dudes en acudir al pediatra. Además, debes estar atenta si tiene:

  • Tos recurrente
  • Sudor
  • Palidez
  • Intranquilidad al dormir
  • Dolor en el pecho
  • Cansancio
  • Nerviosismo
  • Temblor
  • Irritabilidad repentina o inexplicable

Estos síntomas pueden presentarse varias veces al día y pueden estar asociados a la actividad física, a la ingesta de algunos alimentos, o a la presencia de elementos alergénicos en el ambiente, como el polvo, el humo o la contaminación.

Para evitar que tu hijo sufra de un ataque de asma y le resulte imposible respirar, es importante identificar los agentes que desencadenan la inflamación de sus vías respiratorias.

Detonantes más comunes del asma 

Aunque las causas varían de persona a persona, los detonantes más comunes son:

  • Contaminación ambiental
  • Polvo
  • Moho
  • Polen
  • Humo del tabaco
  • Caspa de los animales
  • Ejercicio
  • Cambios de temperatura
  • Lácteos y carnes rojas
  • Sulfito de sodio (utilizado en conservadores, colorantes y saborizantes de alimentos, vino tinto, bebidas artificiales, sopas deshidratadas y alimentos procesados)
  • La aspirina, o el ibuprofeno
  • La acidez estomacal
  • Sinusitis
  • Las emociones fuertes
  • El perfume u otros olores fuertes
  • Desodorantes en aerosol
  • Algunos productos químicos

Población en riesgo

Toma en cuenta que los niños que están expuestos desde temprana edad al humo del tabaco y que tienen infecciones respiratorias recurrentes, tienen mayores probabilidades de desarrollar asma. Lo mismo ocurre con quienes viven en zonas sobrepoblados con altos niveles de contaminación, con los bebés prematuros, y con quienes tuvieron un peso bajo al nacer.

¿Qué hacer durante un ataque de asma?

Cuando se presenta un ataque de asma, las paredes de las vías respiratorias se inflaman y producen más mucosidad. Los músculos de alrededor se contraen y los conductos respiratorios se estrechan, por lo que la respiración del niño se vuelve más rápida y con un sonido sibilante, además de que puede presentar tos y ahogos.

Es probable que también notes que sus orificios nasales se ensanchan o que la piel de alrededor de sus costillas se contrae con cada respiración.

En estos casos, debes mantener la calma para no alterar más al pequeño. Asegúrate de que esté lo más cómodo posible, sin que la ropa le apriete. Trata de ayudarlo a que respire despacio, mientras le administras el medicamento “de emergencia”, recetado por el médico.

Si notas que no hay mejoría, no dudes en pedir asistencia médica o llevarlo a la sala de emergencia más cercana. Recuerda que cuando se tratan a tiempo, los ataques de asma pueden ser fatales.

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