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Del matrimonio y otros demonios

Do You Remember
How We Used To Talk
(Ya Know)
We'd Stay On The Phone
At Night Till Dawn
Do You Remember
All The Things We Said Like
I Love You So
I'll Never Let You Go.

(Remember the time song)

Michael Jackson.

Javier Garrido

Siendo el año 2017 me encuentro sentado en un bloque de piedra esperando, en la glorieta de insurgentes, en la ciudad de México; miro pasar una gran cantidad de personas y personajes, que han hecho uso extensivo a su derecho de personalidad. Muchos de ellos jóvenes heterosexuales  u homosexuales, tomados de la mano con sus respectivas parejas. Demostrando aquí y ahora; estar enamorados. Se miran a los ojos mientras sonríen y se coquetean. Mientras la vida pasa.

Ubico mucho de lo que soy, me reconozco reconociéndolos, pienso en el matrimonio. Que es el origen de la sociedad y en las batallas que existen entre grupos religiosos y otros sectores sociales por una definición jurídica. Estableciendo ideas morales, contra ideas libertarias. Ambas verdaderas, ambas defendiendo su perspectiva de la realidad.

Pero la realidad que se pasa por alto es la falta de cuestionamiento hacia las formas estructurales e institucionales de la actualidad y su vigencia.

Ellos hablan de estar “peleando la defensa de la institución llamada matrimonio”.

En el aspecto religioso, alcanzo a entender que se trata de una serie de ideas con las que se es compatible o no. Y si ese sector religioso no acepta tus preferencias: sexuales, musicales, políticas, o del equipo de futbol al que apoyes, etc. Pues no debemos forzarlos a que nos acepten. Debemos aceptarnos y entender que no es obligación para ninguna de las partes.

Las cosas cambian cuando se trata de leyes. Porque éstas sí conllevan obligaciones y nos involucran a todos. Y éstas no deben estar ignorando por completo la verdad de los seres sociales que regulan y que se encuentran frente a todos nuestros ojos.

Nuestra realidad social es: Somos una nueva sociedad que ha sobrepasado ese concepto tradicional del matrimonio.

Esa idea que se estableció en la epístola de Melchor Ocampo. (Veracruz, 1859) la cual para su tiempo había resultado efectiva. tanto que hasta hace algunos años se encontraba muy vigente en su totalidad y en ella se nos explica; lo que se encuentra en el inconsciente colectivo, dictando lo que debe ser el matrimonio.

Que el hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar, y dará a la mujer, protección, alimento y dirección, tratándola siempre como a la parte más delicada, sensible y fina de sí mismo, y con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil, esencialmente cuando éste débil se entrega a él, y cuando por la sociedad se le ha confiado.

Sin duda hablo por más de una generación al soltar una risita burlona cada vez que leo esto e imagino el pensamiento de las mujeres que hoy día han demostrado su gran fortaleza en los muchos ámbitos de la sociedad.

Que la mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura, debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende, y con la delicadeza de quien no quiere exasperar la parte brusca, irritable y dura de sí mismo.

Continuando con las risas me encanta destacar que se insinúa, en esta parte que es más responsabilidad de las mujeres no hacernos irritar (jajaja, por su bien).

Aunque sin duda esta epístola marcó una transición importante en el México de ayer. Para crear una sociedad laica y más objetiva; muchas de sus creencias han expirado. Pero, en la nobleza de este documento podremos encontrar los fundamentos que nunca pasaran de moda. Como el respeto, la prudencia, la confianza y las muestras de afecto.

“Que el uno y el otro se deben y tendrán respeto, deferencia, fidelidad, confianza y ternura, y ambos procurarán que lo que el uno se esperaba del otro al unirse con él, no vaya a desmentirse con la unión”.

“Que ambos deben prudenciar y atenuar sus faltas”.

“Que nunca se dirán injurias, porque las injurias entre los casados, deshonran al que las vierte, y prueban su falta de tino o de cordura en la elección, ni mucho menos se maltratará de obra, porque es villano y cobarde abusar de la fuerza”.

“Que ambos deben prepararse con el estudio y amistosa y mutua corrección de sus defectos”.

Y que así sea y siga siendo para el bienestar de los amantes esposos y sus familias. Por qué en verdad lo necesitamos.

Francisco Javier Garrido Ruíz