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Falta de civismo o falta de autoestima

La semana pasada tomé un vuelo y, antes de despegar, el joven que venía a mi lado, le llamó a su novia por teléfono y empezó por todo lo alto a explicarle detalles de todo lo que tendría que hacer en su viaje de trabajo, al tiempo que de 10 palabras 7 eran vocablos soeces, y las demás completaban las frases pero sin el mayor acomodo gramatical; posteriormente comenzó a relatarle a la chica todo lo que había gastado en desayunos, comidas y cenas, y lo incapaces e ineptos que son en su empresa, pues no se darían cuanta de todo lo que él hizo con dinero ajeno ya que había incrementado considerablemente su presupuesto para viáticos.

Georgette Rivera

Una vez que se elevó el avión y el muchacho finalizó su llamada, pensé que descansaría de esa conversación, que aún cuando nunca me interesó, terminé enterándome de todo, dado el volumen de la voz de esta persona.

Ya en el aire, una señora que iba un asiento adelante con su esposo, dio inicio a una plática en la que ventiló su vida y lo maravillosa que era, por los grandes viajes a los que está acostumbrada y los que se rehusa a hacer cuando se presenta algo que no es digno de su finura; pensé que ya esto era demasiado; sin embargo, no terminó ahí, pues un chico que iba solo en su asiento, empezó a escuchar un género de música que desconozco, pues solo eran frases que denigraban a la mujer, al tiempo que no alcance nunca a oír alguna virtud musical en su voz o lo que fuera que saliera de su garganta.

Al principio hice caso omiso e intenté dormir, pero no resultó, pues de manera particular primero como si estuviera juzgando creí que les faltaba civismo; no obstante, durante el transcurso del vuelo, todas estas pequeñas idiosincracias personales siguieron haciéndose patentes y concluí que no era un tema de urbanidad, sino complejo de inferioridad; es decir, las personas están pidiendo a gritos que las escuchen, que las tomen en cuenta y para llamar la atención se generan cualquier correlato que sale de su mente, y lo hacen en voz alta para que los demás les presten atención y en cierto sentido los admiren, envidien, volteen a ver, que les hagan caso y, en el mejor de los casos, esto último seguramente lo consiguen, pero de la manera equivocada, pues todas estas actitudes pueden ser entendidas en un adolescente que está pasando por una etapa de ajuste emocional, mental, hormonal, físico y espiritual; empero, en un adulto hecho y derecho, sólo es sinónimo de inseguridad y falta de autoestima y de confianza, pues para lograr ser visto hace cosas que por supuesto no razona y al creer que llama la atención de manera inteligente solo termina causando pena o siendo objeto de burla, y tal vez de compasión por ser tan infantil cuando en realidad quiere causar el efecto contrario.

Lo más importante es que te caches cuando estás excedido en tus comentarios y actitudes, que seas sincero contigo mismo y que respetes el espacio que compartes con tus semejantes, pues de lo contrario, sólo corres el riesgo de que cualquier posibilidad que tengas de contacto sano y humano se vuelva todo lo contrario; no es el vuelo en un avión, es el avión en el que cada quien se sube y que muchas veces, no termina nunca y no toca tierra, pues tiene miedo en realidad de confrontar su vida tal cual es. Lo mejor que te puede pasar para ser visto es ser tú mismo y no mostrar más allá de lo que alguien quisiera descubrir en ti por si mismo.

Que tengas una bendecida semana

Georgette Rivera

Georgette Rivera