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¿Golpeado o golpeador?

Una pregunta a la que a menudo se enfrentan los padres surge a raíz de conflictos en el colegio a partir del ingreso al preescolar. ¿Qué causará mayor frustración, impotencia y nerviosismo... descubrir que un niño es golpeado o golpeador?

Ximena Sandino

A este respecto existen muchas creencias contradictorias, difíciles todas ellas de validar ya que el contexto en que se dan los hechos puede variar mucho.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que nuestro hijo está en el proceso de adquisición y desarrollo de habilidades emocionales y sociales y está aprendiendo a convivir y a resolver conflictos.

Me ha tocado observar padres desesperados y preocupados en ambos casos.  Unos se encuentran sumamente apenados porque su hijo a golpea a sus compañeros y no saben cómo canalizar su energía o agresividad mediante la comunicación proactiva y otros muy enojados porque su niño ha sido agredido.

Ambas situaciones son difíciles de enfrentar por lo que lo primero que debemos hacer es no satanizar ninguna de las dos conductas sino apoyarlos con herramientas que les ayuden a convivir sanamente.

Todos los niños necesitan aprender a resolver conflictos y desarrollar sus habilidades sociales y emocionales  y  requieren un modelo de referencia por lo que es importante que el adulto intervenga en las situaciones de agresividad o violencia para acompañarlos, modelarles y orientarlos.

Cuando no intervenimos e ignoramos este tipo de agresiones y conductas, transmitimos a los niños que la violencia es legítima y permisible y que en situaciones de violencia el agresor queda impune y el agredido desamparado.  Hay que enseñarlos a pedir ayuda, expresar verbalmente su desacuerdo o disgusto y retirarse de escenarios agresivos.

Aunque sean conflictos infantiles, las agresiones físicas y verbales no son permisibles.

Al escuchar que su niño pega, los padres se sienten desesperados e impotentes. Cuando un comportamiento se repite una y otra vez, acaba convirtiéndose en un hábito que después es mucho más complicado modificar. En el momento de detectar un problema es importante solucionarlo lo antes posible para que no se convierta en un hábito.

Si un niño pega es porque no encuentra otra forma de resolver un conflicto. Lo más complicado de este comportamiento puede ser la reacción del grupo de compañeros, porque cuando los golpes se convierten en un hábito, el niño es “etiquetado” como el golpeador. Esto le produce sufrimiento y lo confirma en su rol.

Los padres deben tomar en serio cualquier agresión entre compañeros, sea física, verbal o actitudinal e investigar qué está pasando para tomar las medidas necesarias para que el niño golpeado o golpeador pueda resolver la situación.

¿Qué podemos hacer como padres?

  • Enseñarle a expresar sus emociones
  • Promover el diálogo como alternativa a la violencia.
  • Confiar en tu hijo

Ximena Sandino

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Ximena Sandino