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Gracias y desgracias de ser mujer

Pasado el día internacional de la mujer y habiéndose dicho infinidad de cosas sobre nuestra condición desventajosa, me doy a la tarea, entre “chiste y broma” de agregar algunas cosillas. Unas más obvias que otras, algunas menos significativas, pero no por ello banales.

Tere Díaz

Otras gracias de ser mujer:

  • Ser complejas. Hacemos más interconexiones mentales, percibimos matices y hacemos más cosas a la vez.
  • Las ventajas de nuestro capital erótico que nos permite usar nuestra gracia, nuestro atractivo físico, nuestro cuerpo, para atraer, persuadir y sumar nuestro mundo de posibilidades. Una feminidad que integra la dimensión erótica más allá de nuestras cualidades empáticas, intuitivas y colaborativas.
  • La diversidad en el uso de la parafernalia. El permiso a adornarnos, ponernos, quitarnos, maquillarnos y emperifollarnos.
  • Podemos manejar más flexibilidad de roles. En la familia, en el trabajo, hasta en la cama. No nos pesan ni nos disminuyen las actividades “masculinas”.
  • La madurez adquirida algo forzadamente en tanto que muchas cosas nos cuestan más pues nadamos normalmente contra corriente y eso nos permite anticipar riesgos, tolerar la frustración y dar importancia a lo que importa.
  • No voy a decir que el gozo de la maternidad. Tampoco digo que ser madre sea una desgracia pero en un mundo que no facilita esta faena, ser madre implica costos y renuncias altas.
  • La capacidad de crear redes de amigas. Somos solidarias, conversadoras, consideradas y leales, en la mayoría de los casos, lo cual nos permite sentirnos conectadas y apoyadas de las demás.
  • El disfrute de los pequeños placeres. Una charla, una caminata, un café, una siesta, son conquistas gozosas para nosotras.

Desgracias de ser mujeres : 

  • Que se dirijan primero a tu esposo, novio o incluso hijo, que a ti. ¿Quién dice que ellos deciden todo por nosotras?
  • Que te baje. Y tengas que ir a una larga junta de trabajo o quieras ir a nada
  • Las largas colas para ir al baño. ¡Suplico que haya más baños de mujeres que de hombres o que por favor los hagan mixtos ya!
  • La necesidad de idealizar a la pareja para poder enamorarnos y la dificultad de disfrutar al par que tanto deseamos encontrar. Si no es más rico, más alto, más grande, más maduro, más, más, más, no lo podemos admirar…
  • Que te culpen si tu hijo tiene algún problema. Y es que nuestro rol de encargadas de la vida emocional de los que nos rodean hace de los problemas de nuestros hijos y a veces hasta de nuestra pareja, nuestra única responsabilidad.
  • El desfase emocional que hay con los hombres. Sobra decir que en cuanto a alfabetismo emocional estamos más entrenadas y que la falta de empatía masculina es un hueco en nuestras relaciones.
  • La sobrecarga que nos da el ser proveedoras emocionales de todos. Esta función ni se ve, ni se contabiliza, ni se nota; pero se exige y drena mucha de nuestra energía.
  • Tener en ocasiones que masculinizarse para “sobrevivir “. O nos “amachamos” o nos “rechingamos”.
  • El manejo de la culpa por no ser “la madre, esposa, hija, mujer “ideal”. ¡Cuánto nos cuesta movernos de lugares lastimosos con la creencia de que lastimaremos a los demás!
  • Que lo que en ellos se condona en nosotras se condena. Sí, un hombre se emborracha, se ausenta mucho tiempo de casa, abandona a los hijos, o hace uso de su libertad sexual es menos juzgado que una mujer que despliega las mismas conductas.
  • La exigencia en la belleza física, cuando sobrevaloran nuestra apariencia sobre nuestra inteligencia

En fin, “arrieras somos y en el camino andamos” así que sigamos arando que todavía hay mucho por sembrar.

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Tere Díaz