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Más ayuda el que no ayuda

Georgette RiveraApenas hace una semana  un amigo me platicó de la dinámica que hay en su trabajo, él está  en el área de Atención al Cliente  de una  conocida empresa, donde se supone que debe "atender" la naturaleza de cualquier situación que los usuarios de dicha compañía tengan necesidad de solucionar; sin embargo, me comentó que se encuentra en la etapa de la frustración, ya que recibe constantes entrenamientos para robotizar sus respuestas, y hacer que dichos "usuarios",  cuando están procurando el soporte de dicha firma desistan ante tantas trabas; razón por la cual  él no se siente satisfecho, pues cree que en lugar de que su trabajo le haga engrandecerse y sentir que está haciendo algo que vale la pena, percibe todo lo contrario dado que como ya lo mencioné, está en una posición de “ayudar” y resulta que lo capacitan para hacer todo lo contrario. Esta coyuntura le genera que no pueda sentirse orgulloso de obstaculizar más a las personas que ya de por sí, están cargando problemas por conflictos con el servicio que contrataron.

Al escuchar esa historia le dije que me apenaba mucho el hecho; empero, argumenté que no era el único que estaba viviendo esa situación, pues la mayoría de las organizaciones hacen eso y es un tanto ilógico, ya que en esencia no desean apoyar a sus clientes, juegan a hacerles creer que recibirán una respuesta positiva, y así, cuando un consumidor ya está muy enojado, harto y cansado de tanta ineptitud, y está listo para ir a la PROFECO,  les hace efectiva su posición de no dar marcha atrás y querer resolver el tema pese a quien le pese y pase lo que pase; y entonces es cuando la compañía demandada empieza a tomar en cuenta al cliente, a priorizar su condición y,  en definitiva, a tratar de darle alguna solución; no obstante eso no es lo más importante, el problema es que mi amigo está empezando a cargar con culpa por no poder hacer bien un trabajo, que como él mismo lo describe, es muy fácil y puede dársele  una respuesta, pues toda corporación vive de quienes la prefieren y son fieles a ella; sin embargo, los sindicatos en ocasiones por ejemplo, hacen imposible esa labor, ya que si un trabajador intenta comportarse con eficacia, este organismo se encarga de dejarle sin trabajo o de hacerle la vida imposible hasta que renuncie; él me dice que es increíble que trabaje con la más alta tecnología de punta, y que  los procesos sean tan antifuncionales, obsoletos, y carentes de toda lógica y sentido común.

Ante su desesperación le propuse no solo ver los problemas de su organización, sino darse cuenta del porqué está ahí, que está aprendiendo de esa circunstancia y cuáles son las cosas rescatables de ese lugar; pues es cierto que en algún momento aún cuando él fue seleccionado de entre muchos otros aspirantes para llegar ahí, él fue quien solicitó el trabajo en esa empresa y quería estar ahí por y para algo. Una de las cosas que se nos olvidan es que no solo se trabaja para tener un salario, sino para aprender también otras cosas que son útiles y casi imposibles de  obtener si se vive en otro lugar, por lo que es muy importante tener en cuenta que nada es por casualidad, en el caso de él si no está contento porque realiza una actividad contraria para la que fue contratado, es evidente que debe salir de ahí si su ética profesional ya no le permite hacerse eso a si mismo, tiene que buscar un horizonte donde el espacio sea abierto y no cerrado, donde su capacidad sea una bendición y no un malestar para sus compañeros y jefes de trabajo, y donde él no tenga miedo de seguir adelante y poner en actualidad toda su pericia para laborar en equilibrio.

Si tú estás pasando por una situación semejante, evalúa si ese lugar te da más estrés del que tu mente, cuerpo y alma pueden tolerar; si es así sal de ahí, no tienes porque estar en una posición  donde en lugar de engrandecerte por hacer lo correcto suceda todo lo contrario.

Que tengas una bendecida semana.

Georgette Rivera    

Georgette Rivera