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Perderlo todo para ganarlo todo

¿Qué pasa cuando uno de tus más grandes miedos se vuelve realidad? Te deja en un lugar en el que lo único que puedes hacer es pisar fondo y empujarte hacia arriba, nuevamente.

Sexóloga Alessia Di Bari

Hace poco me puse en una situación así, en la que lo único que me queda es vivir el dolor, aprender de la experiencia y seguir adelante ¿Te ha pasado algo así?

Y es que, con este último evento, me di cuenta que es una de las formas en la que –me gusta creer- que de manera no tan consciente me pongo para “obligarme” a crecer. Sí, soy miedosa y de pronto, me cuesta trabajo enfrentar esas cosas que me asustan… hasta que mis fantasmas se vuelven de carne y hueso, se ponen enfrente de mí y no me queda más remedio que enfrentar. Porque, hasta eso, no soy –en general- de las que huye; ya que estoy metida hasta la médula y me arrinconé lo suficiente: le entro.

Hay que decirlo, no todo es malo… al final, ponerme en este tipo de situaciones me ha servido para crecer, a madrazos, pero podría ser peor. He visto gente que, aún cuando la vida se lo pone de frente, prefieren seguir una y otra vez haciendo lo mismo antes que echarse un clavado al dolor y atravesarlo. Me queda claro que me ha apoyado para desarrollar herramientas y arriesgarme, porque –quizás- de otra forma, nunca lo hubiera hecho. Es sólo que hoy, mientras escribo estas líneas, me digo que me gustaría aprender a arriesgarme y a dar los siguientes pasos sin tenerme que empujar de estas formas.

Sé que pareciera que esto no tiene nada que ver con el sexo… y sin embargo, tiene todo qué ver con el tema ¿Cuántas veces  no hacemos lo mismo en el terreno sexual? Es decir, nos ponemos en situaciones complicadas, para animarnos a dar “un siguiente paso”. O sea, hay quienes nos ponemos en un lugar de “ya no tengo nada qué perder” para atrevernos a arriesgarnos en algo que nos asustaba y sentíamos que no había manera de enfrentarnos a eso. Es decir, quizás tengo miedo de probar algo diferente en la cama por siento que podría perder a mi pareja y “sin darnos cuenta” hacemos algo que pone en riesgo nuestra relación y vuelve tangible la posibilidad de perderla. Es justo ahí, cuando nuestro miedo grande se vuelve real, que muchos de nosotros tomamos la opción y nos arriesgamos ¿Qué sucede? Generalmente sale bien, porque “ya no tenemos nada qué perder” y entonces sí “tenemos todo qué ganar”.

¿Qué hay otras formas de hacer esto? ¡Seguramente sí! Yo, conozco esta y funciona… no te digo que la busques a propósito, pero si –por la razón que sea- ya estás ahí ¡Úsala y sácale el mayor provecho! Te recuerdo… ya no tienes nada qué perder y sí podrías ganarlo todo.

Alessia Di Bari

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